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La Verdadera Felicidad
Puede Ser Tuya
Capítulo Uno La Verdadera Felicidad es algo que todos buscamos y deseamos alcanzar. No importa cual sea nuestra nacionalidad, raza, edad, sexo, posición social, inteligencia, religión o educación, todos deseamos alcanzar y gozar la Verdadera Felicidad. El simple hecho de que todos compartamos el deseo de alcanzar y vivir una Verdadera Felicidad nos dice que debería ser parte indispensable de nuestro diario vivir. Por eso, cada uno de nosotros tiene suficientes razones para buscar la Verdadera Felicidad. El mundo entero está siempre tratando de ofrecernos cualquier cosa que pueda darnos Verdadera Felicidad, pero al ver la calidad de nuestra vida, tenemos que aceptar que no somos realmente felices; ¡hay algo que todavía nos hace falta! Los autores de este libro creen que cada persona, sin importar quién sea él o ella, está hecha con el derecho de vivir una vida verdaderamente feliz. Por esta razón queremos compartir contigo que: La Verdadera Felicidad Puede Ser Tuya.......
En el principio Dios creó el cielo y la tierra. Todo era bueno. La tie-rra era un hermoso paraíso en el cual Dios puso al primer hombre y a la primera mujer, habiéndolos creado a su propia imagen y semejanza. Ellos vivieron una vida maravillosa y llena de bendiciones mientras reinaban junto a su Creador. Dios les dio poder y dominio sobre toda criatura viviente en la tierra y les dijo que se multipliquen, que llenen la tierra, la fructifiquen y la gobiernen. Dios básicamente les puso a cargo de todo, incluso de poner nombre a los animales. El Jardín del Edén, su hogar, era un paraíso. La palabra "Edén" significa deleite y placer. Ellos tenían una constante comunión y auténtica amistad con su Creador, y tenían armonía con su Creación. No había pecado, ni violencia, ni enfermedad, ni dolencia. No había muerte, ni escasez, ni necesidad de ninguna clase. Este era el plan de Dios para cada persona y lo sigue siendo ahora. Adán, el primer hombre, y Eva su esposa tenían la vida más hermosa que nadie jamás ha vivido. Este era también el plan que Dios tenía para toda la humanidad, todos los que nacieran de ellos. Adán y Eva eran verdaderamente felices porque tenían todo en abundancia, pero para proteger su felicidad, Dios les puso una sola restricción. "De todo árbol del jardín podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás". Dios les dio a Adán y Eva la libertad de escoger. Él no los creó para ser como robots o marionetas, sino que deseaba tener con ellos una amistad basada en respeto y confianza mutua. Él les dijo que no comieran de ese único árbol porque no quería que murieran. Pero ellos no confiaron en Dios y fueron engañados de la siguiente manera: "La serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de todo árbol del jardín? Y la mujer respondió a la serpiente: del fruto de los árboles del jardín podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, dijo Dios no comeréis de él, ni lo toquen, de lo contrario morirán. De seguro que no morirán, la serpiente le dijo a la mujer. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese árbol sus ojos se abrirán, y ustedes serán como Dios, sabiendo del bien y del mal. Y vio la mujer que la fruta del árbol era buena para comer y que era agradable a los ojos y codiciable para alcanzar la sabiduría, tomó la fruta y la comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta que estaban desnudos; así que cosieron hojas de higo para cubrirse. Cuando llegó el atardecer, oyeron que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? El hombre contestó: escuché que andabas por el jardín y tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí. ¿Y quién te enseñó que estabas desnudo? Le preguntó Dios. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? El hombre respondió: la mujer que tú pusiste a mi lado me dio de ese fruto, y lo comí. Entonces Dios le preguntó a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y ella contestó: la serpiente me engañó y comí". Adán y Eva tomaron la decisión de no confiar en su Creador ni en su Palabra y las consecuencias de esto fueron devastadoras, tanto para ellos como para toda la humanidad. La incredulidad y desobediencia de Adán y Eva introdujeron el pecado en el mundo y separaron a la humanidad de su Creador. Todo tipo de maldad, egoísmo, enfermedad, dolencia, e incluso la muerte misma, fue el resultado de su pecado y desconfianza. No solo quedó la humanidad separada de Dios por el pecado, sino que la tierra y quienes la habitan quedaron bajo el dominio de Satanás. Todo esto sucedió porque Adán y Eva, los padres de la humanidad, prefirieron creerle a la serpiente, Satanás, en vez de creerle a Dios su Creador. Adán y Eva recibieron autoridad de Dios para gobernar sobre todas las criaturas de la tierra, incluyendo a la serpiente, pero al obedecer al diablo dejaron de ejercer su poder sobre él y se convirtieron en esclavos del pecado y de Satanás, en vez de gobernar y reinar junto a Dios su Creador.  La vida en la tierra para ellos y para toda la humanidad ya no fue más lo que Dios originalmente quiso que fuera. La vida pasó a ser una supervivencia, en vez de estar llena de bendiciones y abundancia de Dios. La incursión del pecado en el mundo, que dejó como consecuencia nuestra separación de Dios y el surgimiento de las actividades satánicas, nos ayuda a comprender la razón por la cual la humanidad vive en tal estado de caos y confusión, y por qué la gente está viviendo una calidad de vida muy baja, con egoísmo, enfermedad, dolencia, pobreza, suicidio, criminalidad, perversión sexual, rebelión hacia las autoridades, divorcio, drogas, alcoholismo, y todos los otros males que aquejan a la sociedad. Por ignorancia y por astucia del propio demonio, la mayoría de personas culpan a Dios o a "los dioses" por estas condiciones caóticas en las que el mundo vive y por los problemas que enfrentan como personas, como familia y como país. Sin comprender cuál es el verdadero problema y sin encontrar soluciones que funcionen. La humanidad sigue luchando por sobrevivir y por tener éxito en la vida, solo para encontrarse al final con la muerte, el juicio y una eternidad sin Dios. La gente pasa por la vida cada día tratando de encontrar algo que llene ese vacío que sienten, pero no lo encuentran. El entretenimiento, la diversión mundana, el sexo, las drogas, el alcohol, los deportes, las profesiones, las relaciones, incluso la religión fallan en su intento de llenar ese vacío que solo una relación con Dios, el Creador, puede llenar. Satanás y su sistema mundano solo dan un placer temporal que dura poco, pero al final solo crea un vacío más grande y más doloroso. Dios, a cuya imagen y semejanza fuimos creados, continúa valorando y amando a la humanidad, aún después de que el pecado y la desobediencia nos separó de Él. Su amor por nosotros nunca cambió, pero aun así, sus reglas sobre las consecuencias del pecado no podían ser quebrantadas ya que de lo contrario, su Palabra perdería toda su credibilidad. Por lo tanto, Él tenía que implementar una solución a este dilema que mantenga la veracidad e integridad de su Palabra y que al mismo tiempo nos devuelva la autoridad sobre la tierra, reviva nuestra comunión con Él, y restaure nuestro estado de paz, bendiciones y abundancia. La justicia de Dios debía cumplirse. La desobediencia y el pecado de la humanidad debían ser castigados. El castigo para el pecado es la muerte, no solo la terminación de nuestra vida corporal, sino también nuestra muerte espiritual, que es la separación de Dios. Por esta razón, la gente que muere en pecado es separada de la presencia de Dios y va al infierno, aún cuando el infierno fue originalmente un lugar preparado para el diablo y sus ángeles caídos. Sin embargo, Dios no destruyó a la raza humana, sino que proporcionó una manera para que la humanidad sea salvada de su pecado, reconciliada con su Creador y pueda tener una vida como Dios siempre quiso. Por eso Él creó una manera para redimirnos, para sacarnos de la esclavitud del pecado y del control que Satanás ejerce sobre nuestra vida. Dios logró esto a través de su Hijo Jesucristo. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su único Hijo, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna". Jesús, el Hijo de Dios, nació sobrenaturalmente en Belén, una ciudad de Israel. La madre de Jesús fue María, una joven virgen. El Espíritu Santo de Dios cubrió a María y ella concibió y dio a luz a Jesús, el Santo Hijo de Dios. Todo esto fue profetizado siglos antes de su nacimiento. También fue profetizado el propósito de su venida, así como los eventos que acontecieron a lo largo de su vida. Todas las profecías acerca de Él fueron cumplidas hasta el más mínimo detalle. Él creció en favor de Dios y el hombre, vivió treinta y tres años en la tierra y cumplió con el propósito de su venida, para después retornar a su Padre que está en el cielo. Jesús fue diferente a cualquier otro hombre. Él no tuvo padre terrenal. No era del linaje de Adán. Dios era su Padre, y así como Adán y Eva fueron tentados en el principio, Jesús también fue tentado por Satanás, pero Él nunca pecó. Siempre venció cada trampa y tentación que el diablo le puso. Él siempre hizo la voluntad de Dios y vivió en completa obediencia a su Padre Celestial. Por esta razón, Jesucristo fue capaz de cumplir el plan de Dios de redimir a la humanidad. Él fue la solución que Dios tuvo para nuestro problema. Dios, en lugar de castigarnos a nosotros por nuestros pecados, castigó a su Hijo Jesús. Él es el único ser humano perfecto, sin pecado que vivió en la tierra, sacrificó su vida por ti, por mí y por toda la humanidad. Jesucristo fue crucificado en una cruz, murió hace dos mil años y pagó nuestros pecados con su preciosa sangre. Así nos redimió del pecado, sus consecuencias, y del control de Satanás sobre nuestras vidas. Jesucristo fue nuestro sustituto. Él sufrió nuestro castigo en esa cruz. "Jesús, el que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros seamos hechos justicia de Dios en Él". Él cambió su lugar por el nuestro y se convirtió en lo que éramos para que nosotros nos convirtamos en lo que Él es. Él cargó nuestro pecado, enfermedad y dolencia en su cuerpo al estar en la cruz, y a cambio nos dio su justicia, pureza, vida plena y abundante. Él tomó nuestra derrota y nos dio su victoria. Él murió para que nosotros vivamos una vida abundante, como Dios lo había planeado desde un principio. "Jesucristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y se apareció a Cefas, luego a los otros discípulos, y después a más de quinientos hermanos a la vez". Poco después, Jesucristo ascendió al cielos donde está preparando un lugar para todos los que deciden creer en Él y recibirle como Señor y Salvador. Un día, Jesús volverá para llevar al cielo para siempre a todos los que creen en Él. Jesucristo venció el pecado, la enfermedad, la debilidad, la muerte y todos los afanes del diablo. Jesús está vivo y reina victorioso ahora y para siempre. Él hizo todo esto por ti, por mí, por toda la humanidad, y por cualquier persona que venga y confíe en Él, ponga su fe en su sangre derramada y le reciba como su Señor y Salvador personal. "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo". Todo lo escrito en este libro está basado en la verdad tal como está registrada en la Palabra de Dios, la Biblia. La Biblia es el testimonio escrito de Dios y su revelación para toda la humanidad. Dios ha preservado su Palabra por miles de años para que tú y yo sepamos en qué creer, cómo salvarnos de nuestros pecados y cómo ser redimidos, restaurados y reconciliados con Dios, nuestro Creador, nuestro Salvador y nuestro Amigo. Acabas de leer las Buenas Noticias acerca de Jesucristo. Que Él murió en la cruz hace dos mil años en tú lugar, por tus pecados. Él te sustituyó en la cruz para traerte de vuelta a Dios. Él sufrió tu castigo y tu tormento para que cuando tú mueras no vayas al infierno a sufrir un castigo eterno. Tu pecado causó una deuda que tú no tienes como pagar. Pero Él pago esa deuda por completo y tú redención le costó su propia vida. Todo esto lo hizo solo por demostrar su amor por ti. ¡Dios te ama! Considera que Dios dio a su único hijo para que muera en tu lugar, para que puedas volver a Él y dime: ¿Cómo vas a responder al amor de Dios? ¿Cómo vas a responder al amor de Jesús, que estuvo dispuesto a morir en tu lugar y sufrir tu castigo para que tú tengas vida eterna? ¿Cómo vas a responder al Espíritu Santo, quien te está dando a conocer a Jesucristo en este mismo momento? ¿Cómo responderás? ¡ Tienes dos opciones! Puedes responder con fe y creer en el Evangelio, o puedes responder con incredulidad, rechazando las buenas noticias de Jesús. Puedes aceptar el precioso regalo del Hijo de Dios, quien pagó con su propia vida, o puedes no hacer nada y por tanto rechazar a Jesús y todo lo que Él te ofrece. Puedes recibir el perdón de Dios y reconciliarte con tu Creador, o puedes permanecer muerto en tus pecados para siempre. Puedes invocar el nombre del Señor y ser salvo, o puedes seguir perdido, sin Dios y sin esperanza. Dios quiere que confíes en Él y recibas a Jesús, su Hijo, junto con todos sus beneficios, pero Satanás quiere que dudes de Dios como lo hicieron Adán y Eva en el principio y que permanezcas bajo su control. Dios quiere que seas bendecido. Satanás quiere que tengas maldición. Dios quiere ayudarte. Satanás quiere herirte. Dios quiere que vivas libre de las consecuencias del pecado. Satanás quiere que seas esclavo del pecado. Dios quiere que tengas abundancia y salud divina. Satanás quiere verte marginado y enfermo. Dios es el autor de la vida. Satanás es autor de la muerte. Dios quiere que disfrutes del cielo eternamente con Él. Satanás quiere que seamos torturados, junto con él, en el infierno. "Jesucristo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo". Él sanó a los enfermos, hizo ver a los ciegos, oír a los sordos y hablar a los mudos. Él sacó demonios, resucitó muertos, sanó a leprosos, e hizo que paralíticos caminen. Él sanó a quienes vinieron a Él con fe, sin importar cuán grave era su enfermedad. Él perdonó los pecados de todos los que confiaron en Él, porque "Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores.", y "... se manifestó para deshacer las obras del diablo". Jesucristo siempre está vivo y "... es el mismo ayer, hoy, y por siempre". La obra que Él hizo hace dos mil años sigue haciendo ahora. Tú puedes confiar en Jesús porque su amor es real. "... porque todas las promesas que Dios ha hecho son un sí y un Amén en Jesús..." Cuando Jesús dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie llega al Padre sino por mí". Él quiso decir justamente eso, que no hay otro camino al Padre, sino solo a través de la fe en Jesucristo. Jesús también dijo: "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente". La Biblia dice: "Pero a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios". La Biblia también dice: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo". "Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo". Ha llegado la hora que tú tomes una decisión, la decisión más importante en tu vida. No llegaste a este punto, en este momento por casualidad. El amor de Dios te trajo hasta aquí. Su Espíritu Santo te está atrayendo a Él para que seas salvo y comiences una vida nueva, una vida de paz, gozo, seguridad, felicidad, abundancia, y la promesa de una vida eterna en el cielo. Si tu decisión es permanecer bajo el control de Satanás, deberías retro-ceder y volver a leer este capítulo y en oración volver a considerar tu decisión. Pero si decides restaurar tu relación con tu Creador y vivir la vida que Él originalmente diseñó para ti, con todas sus bondades, tú puedes hacer la siguiente oración: Mi amado Dios, Gracias por crearme a tu Imagen y Semejanza y por no haberme abandonado, por valorarme, por amarme tanto que diste a tu único Hijo Jesucristo para que muera en mi lugar y así pagar mi libertad de la esclavitud del pecado y del control de Satanás, todo esto por la sangre que Jesús derramó por mí. Yo, en este momento, decido creer en el Nombre de Jesucristo y abro la puerta de mi corazón para recibirle en mi vida como mi Salvador, mi Sanador, mi Libertador, mi Redentor y mi Sustentador. Con mi boca, yo confieso que Jesucristo es el Señor y creo en mi corazón que Tú lo levantaste de entre los muertos. Creo que Jesús está vivo y que Él es el mismo ayer, ahora y siempre. ¡Yo invoco el nombre del Señor para ser salvado en este momento! Gracias Dios mío por salvarme, perdonarme y olvidarte de todos mis pecados. Voy a cambiar como pienso y siento, por el amor que Tú me tienes. Te prometo desde el fondo de mi corazón que voy a llevar una vida de amor a Ti y los demás que me rodean. Creo que Tú eres el único Dios verdadero y ahora eres lo primero en mi vida. Desde este momento quiero conocerte más y hacer tu voluntad, en vez de vivir una existencia apartado de Ti como lo he hecho en el pasado. Yo, renuncio a Satanás y a cada cosa que me impide conocer más de Ti y tu Palabra. Gracias por aceptarme tal como soy, por hacerme tu hijo, y por darme una vida completamente nueva y abundante, llena de tus bendiciones, como si yo nunca hubiera pecado. Gracias por ser mi Padre Celestial y por el regalo de la vida eterna. Tu amor, perdón y aceptación sobrepasan mi entendimiento, pero yo los recibo con mi corazón humilde y agradecido. Estoy ansioso de crecer en esta nueva relación contigo y de descubrir quien soy como hijo tuyo. Nunca más dudaré de tu existencia, ni de tu Palabra. Creo que Tú eres quien dices que eres, y creo que cumplirás todas las promesas que has hecho. Creo que has hecho por mi todo lo que dices que has hecho por mí. También creo que ahora soy quien Tú dices que soy, que tengo lo que Tú dices que tengo, y que puedo hacer todo lo que Tú dices que puedo hacer. Por lo tanto, tomo con todo el derecho mi nuevo lugar en tu familia como hijo tuyo. Te agradezco por mi nueva vida y estoy listo para vivir como Tú creas que es lo mejor para mí. Padre Celestial, te pido por favor que me llenes de tu Espíritu Santo, que me enseñes tu camino y que guíes y dirijas mi vida por completo, porque yo te amo y confío que me guiarás por toda verdad. Ayúdame siempre a saber cómo complacerte y dame fuerza para siempre hacerlo. En verdad quiero complacerte. Jesús, gracias por llevar en tu cuerpo mis pecados, mis enfermedades, y mis dolencias a la cruz. Gracias por recibir el castigo que yo merecía por mis pecados. La sangre que derramaste y tus numerosos actos de amor hacia mí, hacen que yo quiera vivir para ti y honrarte con mi vida. Doy gracias porque ahora vives dentro de mí, porque estás aquí para quedarte y nunca te irás. Yo creo en ti Jesús. ¡AMEN! Registro de mi decisión Que todos en el cielo, la tierra y debajo de la tierra sepan que yo he recibido a Jesucristo como el Salvador y Señor de mi vida. Yo creo en mi corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, y con mi boca confieso que Él es El Señor. Nombre: ______________________________________________ Fecha: _______________________________________________ Hora: _______________________________________________ Lugar: _______________________________________________ Por favor escríbenos y cuéntanos sobre tu decisión, para podernos regocijar contigo y orar por ti: La Verdadera Felicidad
Es Ahora Tuya
Capítulo Dos La Verdadera Felicidad es ahora tuya. Si tú dijiste con toda sinceridad la oración en el capítulo uno, ya tienes una nueva y viva relación con Dios, tu Creador, a través de su Hijo, Jesucristo. Ni siquiera puedes imaginarte la vida tan maravillosa que Dios te tiene preparada. Lo mejor de esta nueva vida es que nunca acabará, irá creciendo en gloria cada día, en esta vida y por toda la Eternidad. El capítulo dos de este libro te dará la información que necesitas para comenzar tu nueva vida con Jesús. Tu forma de pensar y tus razones para vivir cambiarán totalmente. Descubrirás que eres una persona completamente nueva, que el viejo tú se fue y que uno nuevo llegó, y todo esto lo ha hecho Dios. Aprenderás también a vivir victorioso sobre tu enemigo derrotado, Satanás. Jesucristo fue siempre victorioso sobre el diablo cuando Él vivió en la tierra, y lo venció totalmente al morir y ser sepultado y resucitado. Esa victoria y autoridad que Jesús tiene sobre el diablo ahora te pertenecen a ti La Verdadera Felicidad Es Ahora Tuya...... Felicitaciones por tú decisión de regresar a tu Creador a través de la fe en la sangre de Jesucristo, el sacrificio que Él hizo por ti en la cruz. Esta es la decisión más importante que jamás hayas hecho. No te vayas a olvidar de anotar la fecha, hora y lugar en que recibiste a Jesucristo como tu Salvador, cuando invocaste el nombre del Señor para ser salvado. Esto será un recuerdo muy significativo para ti y una advertencia para Satanás y sus demonios. Tu relación con Dios ha sido restaurada como si nunca hubieses pecado. Tú tienes ahora la autoridad de Cristo sobre Satanás, la misma autoridad que tenían Adán y Eva antes que pecaran. Pero esto no significa que Satanás te va a dejar de molestar. Él seguirá tratando de influenciar en tus pensamientos y poner dudas en tu cabeza, sobre tu decisión de regresar a Dios a través de Jesucristo. No importa cuanto tú cambies y crezcas en tu relación con Jesús, el diablo nunca cambiará. Satanás ha venido a matar, robar y destruir; y algunas de sus tácticas son el miedo, la mentira, las acusaciones, la decepción, la opresión y la condenación. En la Biblia, él es llamado "el padre de las mentiras". Aunque su poder sobre ti ha sido roto, él intentará convencerte que no es así. Recuérdalo, él es un mentiroso. Pero hay alguien que nunca cambiará, y ese es Dios, su Palabra y su Hijo Jesucristo que es la palabra viva. Tú eres ahora un hijo de Dios, y más grande es Jesús que vive en ti, que tu enemigo el diablo. Por lo tanto, no tienes razón alguna para temerle. La primera área en la que el diablo tratará de atacarte y engañarte es en la decisión que acabas de tomar al recibir a Jesús como tu Señor y Salvador. El campo de batalla será tu mente. Él demonio pondrá todo tipo de pensamientos en tu mente, intentando sembrar dudas acerca de tu nueva relación con Dios. Pero debes saber que es él quien está asustado en este momento. Satanás hizo que Adán y Eva duden de su relación con Dios. Esto causó que desobedezcan a Dios y se separen de Él. Ellos debieron usar el poder y autoridad que Dios les dio y responder a la tentación de Satanás con nada más que la Palabra de Dios; tal como lo hizo Jesucristo cuando fue tentado por el diablo en el desierto. Por eso, Jesús es tu ejemplo a seguir, no Adán y Eva.  Ya hemos discutido acerca de la tentación de Adán y Eva, ahora vamos a examinar los detalles de la tentación del diablo a Jesucristo: "Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto. Ahí estuvo por cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: escrito está, no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra de Dios. Y le llevó el diablo a un lugar alto y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra, y le dijo el diablo: te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me han sido entregados, y los doy a quien yo quiero. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: vete de mí Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás. El diablo lo llevó luego a Jerusalén y le puso sobre la parte más alta del templo, y le dijo: si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: a sus ángeles mandará a ti, que te cuiden, y te sostendrán en sus manos para que no tropieces con piedra alguna. Y Jesús respondió: Escrito está, no tentarás al Señor tu Dios. Y cuando el diablo acabó toda tentación, se apartó de él por un tiempo. Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y se extendió su fama por toda aquella región. Y enseñaba en las sinagogas y todos lo admiraban". El diablo incluso trató de hacer que Jesucristo dude de su relación con Dios. Él le dijo: "¿Si eres Hijo de Dios?" Y Jesús siempre contestó con la Palabra de Dios diciendo: "Escrito está" Jesucristo, quien venció con éxito a Satanás, cada vez que fue tentado a dudar de su relación con su Padre Eterno, es nuestro ejemplo de cómo deberíamos responder a las tentaciones del diablo. Nosotros debemos responder con la Palabra de Dios cada vez que tenemos pensamientos, o escuchamos cosas, aún cuando vemos o sentimos cosas que van en contra de la Palabra de Dios. La relación de cada hijo verdadero de Dios debe estar basada en la fe. La falta de fe y la desconfianza en la Palabra de Dios nos lleva a la desobediencia, al pecado y, por ende, a la separación de Dios. Por lo tanto, tener fe y confianza en la Palabra de Dios es la única manera de restaurar al hombre con Dios. La Biblia dice: "Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y que recompensa a quienes lo buscan". ¿Qué es tener fe en Dios? Es creer que lo que Dios dice es verdad y que Dios cumplirá todo lo que dice. El diablo es un mentiroso que odia la verdad. Él odia a Dios quien no miente, odia la fe en Dios y a cualquier persona que la tenga. Él es enemigo de Dios y de la verdad, y enemigo de cualquier persona que cree en Dios y que vive con la verdad. Adán y Eva no confiaron en Dios y su Palabra cuando fueron tentados por Satanás. Al contrario, ellos escucharon, creyeron y actuaron según palabras y pensamientos inspirados por el diablo, en vez de guiarse por la Palabra de Dios. En el capítulo uno de este libro se presentaron algunas verdades de la Palabra de Dios, la Biblia, sobre cómo tú puedes regresar al Señor tu Creador, salvarte del pecado y restaurar el plan original y propósito que Dios tiene para tu vida, para que así puedas experimentar paz, gozo y la Verdadera Felicidad en esta vida y por toda la eternidad. Tu fe en Dios debe estar basada en estas verdades. No puedes confiar ni en tus emociones, ni en tus pensamientos, ni en tu inteligencia. Tú debes saber que has sido salvado y has vuelto a Dios porque creíste en su Palabra e hiciste lo que Él te pidió, ¡punto!  Ten en cuenta que Satanás va a bombardear tu mente con dudas sobre tu salvación y tu nueva relación con Dios. Tanto tu intelecto y emociones, como gente a tu alrededor, tratarán de hacerte dudar. Sin embargo, el Espíritu Santo, quien ahora vive en ti, te ayudará a recordar la Palabra de Dios; y mientras creas en Dios y sus promesas, el Espíritu de Dios testificará con tu espíritu que ahora eres un hijo de Dios. Mientras decidas creer en la Palabra de Dios por encima de cualquier cosa que sientas o pienses, y por encima de cualquier cosa que otros te digan, el Dios de paz estará siempre contigo. Es muy importante que aprendas a utilizar la autoridad que Dios te ha dado. Tú como cristiano quieres vivir victoriosamente, sin derrotas. Para lograrlo debes utilizar las armas espirituales que Dios te ha dado. Jesucristo ya ganó la batalla por ti, por lo tanto, tú eres capaz de vencer a Satanás cada vez que él te tiente a dudar de la Palabra de Dios. Hagamos una sesión de practica de cómo permanecer firme en tu nueva fe en Dios. A continuación están algunos pensamientos, sentimientos, o dudas que pueden cruzar por tu mente, junto con la respuesta de la Palabra de Dios: 1. Tú no has sido realmente salvado. Debes hacer buenas obras para salvarte. No puedes simplemente invocar el nombre de Jesús y tener fe en Él para ser salvo. Está escrito: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no procede de ustedes, sino que es regalo de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe", y yo creo en la Palabra de Dios. Está escrito: "Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo". Yo invoqué el nombre del Señor y ahora soy salvo. Está escrito: "Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de entre los muertos, serás salvo". Yo sí confesé con mi boca que Jesús es Señor, y también creo en mi corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, por lo tanto soy salvo. 2. Tú no eres realmente hijo de Dios. Todavía eres hijo del diablo, y él todavía tiene poder sobre tu vida. Está escrito: "Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo, en quién tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados", y yo creo en la Palabra de Dios. Está escrito: "Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Yo recibí a Jesús como mi Señor y Salvador y creo en su nombre. Por lo tanto ahora soy su hijo. Yo creo en su Palabra. Está escrito: "Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios". Pues ¡lo somos! Agradezco a Dios por su amor y su Palabra, y por hacerme hijo suyo. 3. No has sido realmente perdonado por tus pecados. Has hecho tantas maldades que Dios nunca podría perdonarte. Está escrito: "Por lo tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte". Yo ahora estoy unido a Cristo Jesús y he sido liberado de la ley del pecado y de la muerte. Está escrito: "Les escribo a ustedes, queridos hijos, porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo". Gracias Señor porque mis pecados han sido perdonados por tu nombre. Está escrito: "Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades". Gracias Señor porque ya ni siquiera te acuerdas de mis pecados. 4. No puedes saber con certeza que has sido salvado y que tienes Vida Eterna.  Está escrito: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su único Hijo, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna". Gracias Señor por haber dado a tu Hijo Jesús en mi lugar para que así yo tenga Vida Eterna. Está escrito: "Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie les arrebatará de mi mano". Gracias Jesús porque tus Palabras son verdaderas y gracias por tu regalo de Vida Eterna. Está escrito: "Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor". Yo creo en la Palabra de Dios. Está escrito: "... la esperanza en la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de la creación". Yo creo que Dios no miente. Está escrito: "Esta es la promesa que Él nos hizo, la Vida Eterna". Gracias por la Vida Eterna que nos prometiste. Está escrito: "Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna". Yo he recibido al Hijo de Dios y por eso tengo Vida Eterna. Gracias Dios porque Tú quieres que yo esté seguro que tengo Vida Eterna. 5. Nada ha cambiado en tu vida. Eres la misma persona de siempre y no puedes esperar que algo cambie ahora. Está escrito: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios". Ahora estoy en Cristo Jesús y por tanto soy una nueva criatura. Te agradezco Dios porque mi vida pasada quedó atrás y tengo una nueva vida; pero sobre todo te agradezco porque mi nueva vida es un regalo tuyo. Está escrito: "Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados". Gracias Señor porque Tú me ves perfecto, mientras me estás santificando. Y yo lo creo, ¡Señor! Está escrito: "Y revestido del hombre nuevo, el cual conforme a la imagen de su Creador, se va renovando hasta el conocimiento pleno". Gracias Señor porque me estás renovando a tu imagen. Creemos que estos versículos extraídos de la Palabra de Dios te darán el poder y la capacidad de vencer al enemigo de tu alma cuando éste, o cualquier otra persona, intenten poner en duda tu nueva relación con Dios. Cada vez que comiences a tener dudas, respóndelas hablando la Palabra de Dios con fe, y el diablo y sus dudas se apartarán de ti. Ahora que has sido salvado y eres un hijo de Dios, la Palabra de Dios debe ser la que controla tu vida. No puedes permitir nunca más que tus pensamientos y tus sentimientos, lo que ves y escuchas, controlen tu vida. La Palabra de Dios es verdad y la verdad es ahora tu norma. Tú eres salvo porque la Palabra de Dios dice que lo eres. Tú eres hijo de Dios porque la Palabra de Dios dice que ahora eres su hijo. Tienes Vida Eterna porque la Palabra de Dios dice que la tienes. Tus pecados son perdonados porque la Palabra de Dios dice que son perdonados. A continuación están unas palabras que, por medio de una oración, te ayudarán a dar gracias a Dios por la verdad que acabas de aprender en el capítulo dos: Mi amado Padre Eterno: Te doy tantas gracias por permitirme conocerte y por traerme de vuelta a ti por medio de tu Hijo Jesucristo. Gracias porque, usando tu Palabra como fundamento, puedo decir confiadamente que soy tu hijo, que soy una nueva persona, que tengo una vida completamente nueva, que ahora estoy salvado del poder y castigo del pecado, y que Tú ya no recuerdas mis pecados.  Gracias Padre, porque ahora poseo una vida eterna, y porque hoy mismo ya tengo una vida bendita y abundante. Gracias Señor porque Tú hiciste todo esto por mí, y nada de esto depende de mis buenas obras, sino de mi fe en ti y en lo que Tú has prometido en tu Palabra, la Biblia. Todo esto es un regalo que Tú me das porque me amas y porque quieres tener una auténtica relación conmigo. Gracias Jesús por todo lo que has hecho por mí. Tú me has demostrado un amor que jamás comprenderé con mi mente, pero sí con mi fe. Creo en que Tú me amaste tanto que tomaste mi lugar en la cruz y estoy muy agradecido. También creo que Tú venciste a Satanás con tu sangre derramada en la cruz, así como con la Palabra de Dios cuando fuiste tentado en el desierto durante cuarenta días. Gracias Jesús por vencer a Satanás en mi lugar y por enseñarme como, con la Palabra de Dios, yo puedo superar sus engaños y tentaciones tal como Tú lo hiciste. Por favor ayúdame a vivir por fe en tu Palabra, sin importar lo que oiga, piense o sienta. Jesucristo es mi ejemplo a seguir, más no Adán y Eva. Yo escojo seguirte a ti Señor a donde quiera que me lleves. Manifiéstate en mi vida más y más, y enséñame tu plan para mi nueva vida. ¡Te amo! En el Nombre de Jesús he orado, ¡Amén! La Verdadera Felicidad Es La Voluntad De Dios Para Ti Capítulo Tres ¡La Verdadera Felicidad Es La Voluntad De Dios Para Ti! Dios es bueno y amoroso y quiere lo mejor para ti. Ahora que comprendes los fundamentos de tu fe en Dios y tu derecho a ser su hijo, debes comenzar a saber cómo es Dios para que puedas desarrollar una relación íntima con Él. Saber cómo es Dios te permitirá llegar a conocerle de una mane-ra muy personal. El ser un cristiano no significa tener una religión, sino tener una relación, una relación muy estrecha con tu Creador a través de su hijo Jesucristo. Este capítulo te ayudará a saber cómo es Dios en realidad, no como el mundo, el diablo y la religión dicen que Él es. Para esto, el Espíritu de Dios se manifestará en tu vida y mientras lo haga, tu amor y confianza en Él crecerán y se fortalecerán. Tú experimentarás cada día sus bendiciones y su presencia. Conocer a Dios personalmente te llevará a conocer su perfecta voluntad y el plan y propósito que Él tiene para tu vida. La Verdadera Felicidad Es La Voluntad De Dios Para Ti.....  Vivir en la verdad se convertirá en algo muy emocionante para ti, te traerá muchas bendiciones del Señor y Verdadera Felicidad todos los días de tu vida. De hecho, tú ya recibiste la bendición más grande de todas, la verdad de que ahora tienes una relación viva con Dios, tu Creador, a través de su Hijo, Jesucristo. Tú nunca serás castigado por tus pecados, sino que pasarás toda la eternidad en el Cielo con Jesús. Por esta relación que tienes con Dios a través del Señor Jesucristo, ahora eres una criatura completamente nueva, y pasarás el resto de tu vida y toda la eternidad descubriendo lo que esto significa en realidad. Cuando Él te salvó, hizo algo en tu vida que no puede ser descrito simplemente con palabras y es imposible comprender y entender todo a la vez. Tú acabas de Nacer de Nuevo, por lo tanto eres un bebé en Cristo, pero irás creciendo cada día mientras te alimentas de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, que ahora vive en ti, será quien te dé a conocer la Palabra de Dios. Él te guiará y te enseñará toda verdad, y tú comenzarás a explorar y descubrir todo lo que Dios ha hecho por ti. Por ejemplo, la Palabra de Dios nos enseña que ahora eres un hijo de Dios, y por lo tanto eres heredero de Dios y coheredero con Jesús. Esto significa que el Creador del Universo es tu Padre Eterno, y que todo lo que le pertenece a Él, te pertenece a ti también. Tú ya no eres la misma persona que antes. Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas, y todo esto proviene de Dios. Tú puedes pen-sar que no eres digno o que no mereces todo esto, pero debes dejar de pensar de esa manera acerca de ti. Debes darte cuenta que eres muy valioso para Dios. Tu valor está basado en el precio que Él pagó al sacarte del pecado y de la esclavitud de Satanás. Para Dios tú tienes mucho valor. Él es quien te creó y tiene un plan y un propósito para tu vida que encajan perfectamente en su gran Plan de Amor para toda la humanidad. Él pagó un gran precio para redimirte y con eso, Él demostró que tú eres muy importante para Él. Él pagó con la vida y la sangre derramada de su único Hijo. Él castigó en tu lugar al Hijo perfecto de Dios. Él permitió que Jesús muera y cargue todos tus pecados, tus enfermedades y tus dolencias para que tú puedas regresar a Él. Esa es una demostración de amor que sobrepasa nuestro entendimiento. Nunca dejes que el diablo, o cualquier otra persona, te menosprecie y te vea como una persona inútil o de poco valor. Tu Creador ya fijó tu valor y saldó tu deuda para siempre. Cuando empieces a dudar del valor que tienes para Dios, solo piensa en Jesús muriendo en una cruz por ti, siendo abatido por tu sanidad y derramando su preciosa sangre por tus pecados. Dios te ama con un amor eterno y tú tienes un valor infinito para Él. Ahora tú eres su hijo para siempre. ¡Esa es la verdad! La Biblia, la Palabra de Dios, nos manda que "fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la Cruz, menospreciando la vergüenza que significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios." Tu nueva vida con Dios es posible gracias a Jesús. Él dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí." Jesús es el único camino para llegar al Padre. Ahora eres un seguidor de Jesús. El motivo de tu vida es Jesús y tu fe debe estar en Él. Jesucristo es la imagen manifiesta de Dios. La Biblia dice: "La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al único Hijo del Padre, lleno de gracia y de verdad." Jesucristo es la Palabra Viva de Dios. Tú debes identificarte con Jesús. "Jesús vino a la tierra a buscar y salvar lo que se había perdido.", que era toda la humanidad, incluyéndote a ti y a mí. La vida perfecta y sin pecado que Jesús vivió en la tierra fue por todos nosotros. Su victoria sobre Satanás fue para todos nosotros. El abatimiento y castigo que recibió en su cuerpo lo recibió por nosotros. La sangre que derramó en la cruz, su muerte, su sepultura, su descenso al infierno, su resurrección, su glorificación y su ascensión al Cielo, lo hizo todo por nosotros. Jesucristo no tenía otra razón para venir a la tierra que por nosotros. Él no tenía nada que probar ni a quien impresionar. Él no tenía ningún pecado propio por el cual morir, y cuando Él murió en la cruz, no fue porque le quitaron la vida, sino porque Él mismo entregó su vida. Su muerte fue un acto voluntario y una demostración de Amor Divino.  Nosotros debemos identificarnos completamente con Jesús para entenderle y beneficiarnos de lo que Él es y de lo que hizo por nosotros. Una de las verdades más grandes sobre la cual podemos meditar es cómo Él nos reemplazó en la cruz. En otras palabras, cuando Jesucristo fue castigado y murió en la cruz, tú fuiste castigado y muerto en esa cruz. Cuando Jesucristo fue sepultado, tú fuiste sepultado. Cuando Jesucristo fue al infierno, tú fuiste al infierno. Cuando Jesucristo fue resucitado de entre los muertos, tú fuiste resucitado de entre los muertos. Cuando Jesucristo subió al Cielo, tú subiste al Cielo. Todo lo que Jesús hizo, fue por ti y por mí. "Jesús no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos." Él dijo: "Nadie me arrebata mi vida, sino que Yo la entrego por Mí propia voluntad." Cuando Jesús tomó nuestro lugar y murió en la cruz, fue un acto deliberado de amor del Padre y del Hijo. Otra razón por la que Jesús vino a la tierra es para mostrar al mundo la verdadera imagen de Dios, nuestro Padre Celestial. Satanás había engañado a la humanidad dando una imagen errada de Dios. Sus mentiras hicieron que la humanidad no vea a Dios como Él es en realidad, un Padre Celestial amoroso que solo quiere lo mejor para sus hijos. El engaño de nuestro enemigo y la ignorancia de no saber como es Dios en realidad y cuanto nos ama, ha hecho que la gente huya de Dios durante siglos. Dios nos mostró su personalidad muy claramente a través de su Hijo Jesús. Y Jesús, aparte de ser el único camino al Padre, es quien nos enseña como nosotros, sus hijos, debemos relacionarnos con nuestro Padre Celestial en nuestro diario vivir. Como hijos suyos, ya no deberíamos temerle a Dios. Él nunca nos castigará, porque ya castigó a Jesús en nuestro lugar. "No nos ha puesto Dios para sufrir el castigo, sino para recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo." Como hijos de Dios, no deberíamos correr ni tratar de escondernos de Él nunca. Mas bien deberíamos correr hacia Él y acercarnos cada vez más. La imagen que tú tienes de Dios, tu Padre Celestial, no debe estar basada en la forma en que tu padre terrenal te ha tratado. Debes formar tu imagen de Dios basándote en la Biblia, la Palabra escrita de Dios, y en Jesús, la Palabra Viva de Dios. Solo así podrás relacionarte con Él de manera correcta, y solo así podrás recibir los beneficios y la heredad por ser un hijo de Dios. A continuación encontrarás unos preciosos pasajes de la Biblia: ¡Alaba alma mía, al Señor! ¡Alabe todo mi ser su Santo Nombre!
Alaba alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos mis pecados y sana todas mis dolencias.
Él rescata mi vida del sepulcro y me cubre de amor y compasión.
Él colma de bienes mi vida y me rejuvenece como a las águilas.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos.
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande para el
amor.
No sostiene para siempre su reproche ni guarda rencor eternamente.
No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nues-
tras maldades.
Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo
sobre la tierra.
Tan lejos echó nuestras transgresiones de nosotros como lejos está el
oriente del occidente.
Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre
con sus hijos.
 ¿No es esta una imagen hermosa de nuestro Padre Celestial? Y esto es solo un pequeño vistazo del amor, la bondad, la gracia y la misericordia de Dios. Esta descripción de Dios fue escrita muchos años antes de que Jesucristo naciera, pero ahora, el mismo Jesús es nuestra mejor imagen de cómo es Dios. En la Biblia está escrito: "El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que Él es, y el que sostiene todas las cosas con su Palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas". También está escrito en la Biblia: "Porque nos ha nacido un niño, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz". El mismo Jesús dijo: "El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre". Dios quiere que sepamos exactamente cómo es Él y todo lo que ha hecho por nosotros, para así poder tener una relación personal e íntima con Él. De esta manera nosotros podremos llegar a cumplir el propósito por el cual nos creó, y disfrutar nuestra vida al máximo, en este momento y por toda la Eternidad. Jesús también dijo: "Yo les he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de Mi Padre las he dado a conocer". Ahora tú eres un amigo de Jesucristo, y Él quiere que aprendas todo lo que Él ha aprendido de su Padre Celestial. El Espíritu de Dios vive ahora en ti, y es Él quien hará manifiesto al Padre y al Hijo en tu vida para que puedas conocerle de una manera íntima y personal. Tal como está escrito: "Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes le aman. Pero Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, porque el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino es Espíritu de Dios". Esta parte de la Palabra de Dios que acabamos de leer, nos dice claramente que nosotros no podemos tener un conocimiento personal de Dios con nuestro propio sentido físico o natural, sino que el conocimiento de Dios viene por la revelación del Espíritu Santo de Dios. Dios quiere que conozcamos todas las maravillas que Él nos ha preparado y que nos ha regalado. Sí, Dios quiere que le conozcamos y recibamos todas sus bendiciones. Está escrito: "Él que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" También esta escrito: "Él no quitará el bien a los que andan en integridad." y "Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces, en quien no hay cam-bio, ni sombra de variación". Así, podemos ver que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros. Jesucristo fue abatido, sufrió y murió en nuestro lugar para librarnos del pecado, la enfermedad, el dolor y todas las obras del diablo. Dios quiere que nosotros poseamos y experimentemos todos los regalos y bendiciones que Jesucristo compró para nosotros con su preciosa sangre cuando nos redimió del pecado y su maldición. Debes estar convencido que la voluntad de Dios es que tú ahora "seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma". Esto es lo que la Biblia claramente enseña y lo que Jesucristo demostró a todo el mundo cuando Él vivió y caminó en la tierra. La Biblia nos dice: "Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él". Jesús sanó enfermos, hizo que ciegos vean, sordos oigan y mudos hablen. Él expulsó espíritus malignos, resucitó muertos, sanó leprosos, e hizo que cojos caminen. Él sanó a todo el que vino a Él con fe, sin importar cuán grave era su enfermedad o dolencia. Él perdonó los pecados de todos los que pusieron su fe en Él. "Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo". Jesucristo está vivo y "es el mismo ayer, hoy y por los siglos". Los milagros que Él hizo hace dos mil años, los sigue haciendo el día de hoy.  Jesús siempre fue compasivo y rápido para responder a las necesidades de todos los que se cruzaron en su camino. Cuando hizo falta, Jesús incluso proveyó sobrenaturalmente de comida a miles de personas. Él amó y se preocupó por las personas como nadie jamás lo ha hecho y como nadie jamás lo hará. ¡Así es Jesús! Es muy importante que nosotros, como hijos de Dios, sepamos qué expectativas tener de nuestro Padre Celestial. Su voluntad para nosotros es siempre buena. Está escrito: "No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su entendimiento. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta". La voluntad de Dios es descrita como buena, agradable y perfecta. No permitas que el diablo ni nadie te digan lo contrario a lo que está escrito en la Palabra de Dios. Tu mente será renovada siempre y cuando fijes tu mirada en Jesús, quien siempre hizo solo cosas buenas para los que confiaron en Él. Jesús siempre hizo la voluntad de su Padre que está en los Cielos. Ahora sabes que la voluntad de Dios es que seas bendecido, verdaderamente feliz, con buena salud, próspero en todo sentido, perdonado y libre de todas las obras del diablo. La razón por la cual sabes esto es porque así lo dice la Palabra de Dios y porque Jesús demostró la voluntad de Dios en la tierra. Ahora es un buen momento para recapitular las cosas que has aprendido en el capitulo tres, por medio de la siguiente oración de agradecimiento a Dios: Mi amado Padre Celestial, Muchas gracias por ser quien eres y como eres, porque puedo estar seguro de que nunca cambiarás y nunca me mentirás. Te doy gracias porque la Verdadera Felicidad Es Tu Voluntad Para Mí, y Tú solo quieres lo mejor para mí, porque así eres Tú. ¡Eres maravilloso! Gracias, Señor, por el Espíritu Santo, quien me guía hacia toda verdad y quien hace manifiesto a Jesús en mi vida, junto con todo lo que has preparado para mí. Gracias Dios, porque Tú quieres que yo conozca todo sobre Ti, y porque Tú no me guardas ningún secreto. Gracias Jesús, por considerarme un amigo Tuyo y porque Tú compartes todo conmigo para que yo te conozca íntima y personalmente, y para que nuestra relación sea muy estrecha. Yo sé que solo soy un bebé en Cristo, pero voy a fijar mi mirada en Jesús para así crecer y fortalecerme en el Señor. Estoy muy emocionado de ir descubriendo cada día durante toda mi vida cristiana todas las mara-villas que Tú tienes guardadas para mí. Gracias, Señor, porque me haces saber que soy muy valioso para Ti. Nunca dejaré que nadie me diga lo contrario. Yo soy un hijo de Dios y he heredado todo lo que es Tuyo. Tú sacias todas mis necesidades. Tengo abundancia, soy próspero y tengo salud, y mi alma también está prosperando. Todo esto ha sido posible gracias a Jesús y a mi acercamiento a Él. Tu amor supera cualquier cosa que yo he soñado. Gracias, Señor Jesús, porque todo lo que viniste a cumplir en la tierra, lo hiciste por mí y por otros como yo. Tú no viniste a ser servido, sino a servir y a entregar tu vida por mí. Gracias porque por medio de la sanación, salvación y liberación que realizaste en muchas personas, nos hiciste conocer cómo es el Padre en realidad. Gracias porque yo sé que Tú harás lo mismo por mí. ¡Te amo! En el Nombre de Jesús he orado, ¡Amen!  La Verdadera Felicidad
Es Jesús En Ti
Capítulo Cuatro ¡La Verdadera Felicidad Es Jesús En Ti! El Señor Jesucristo, quien ahora vive en ti, es todo lo que vas a necesitar para ser verdaderamente feliz. Tú ya has puesto tu confianza en Jesús como tu Señor y Salvador. Ahora vas ha aprender a confiarle todas las áreas de tu vida. Conocer a Jesús en su plenitud toma toda una vida, pero en este capítulo, descubrirás muchos de los atributos fundamentales de Jesucristo y por lo tanto, descubrirás tu plenitud en Él. Descubrirás que toda la plenitud de Dios habita corporalmente en Jesús y aprenderás que en Él, tú estás completo. En otras palabras, no te hace falta nada; todo lo que necesites está en Cristo, quien vive en ti. Esta es una verdad asombrosa de la Palabra de Dios. Imagínate que todo lo que tú alguna vez llegues a necesitar está viviendo dentro de ti todos los días. La Verdadera Felicidad Es Jesús En Ti..... Jesucristo vive ahora en ti y tú vives en Él. La Biblia dice: "Porque en Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad, y tú estás completo en Él". En otras palabras, no te hace falta nada. Tú ahora eres todo lo que Dios originalmente quiere que seas. Esta plenitud está en Jesús, y ahora que tú estás en Él y Él está en ti, no te hace falta nada. Cristo cubre y sobrepasa todas tus necesidades. Cristo en ti es la esperanza de gloria. Lee y medita la escritura de la Biblia que está a continuación y comprenderás cuan bendecido eres: El Señor es mi Pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace descansar, junto a tranquilas aguas me conduce, conforta mi alma. Me guía por sendas de justicia por amor de su Nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado; tu vara de Pastor me reconforta. Dispones ante mi un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre. Jesús es dado a conocer en este pasaje como el Pastor y tú eres una de sus ovejas. En los capítulos anteriores nos referimos a ti como un hijo de Dios, y sí lo eres. Sin embargo, en este capítulo también argumentaremos tu relación con Jesucristo en otras maneras. Lee esta porción de la Palabra de Dios una y otra vez y permite que el Espíritu Santo lo haga real en tu vida. Dios quiere tocar lo más profundo de tú ser a través de su Palabra. Él quiere manifestarse en ti de una manera real, porque Él puede amarte y bendecirte mucho más de lo que puedas imaginarte.  "Porque la Palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios". Mientras meditas en la Palabra de Dios y en el amor y bondad revelados en ella, el Espíritu de Dios te tocará en lo más profundo de tu ser, te cambiará y engrandecerá tu corazón y tu alma, permitiéndote experimentar el amor de Cristo aún más. Jesús es tu Pastor. El te guiará, te bendecirá y te consolará; te dará todo lo que necesitas; nada te faltará. Él es el Buen Pastor que te encamina por la senda de la vida y te guarda de todo mal. No tienes por qué temer o de qué preocuparte. Tu Pastor sacia todas tus necesidades, te bendice y te protege con gozo y paz. "Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas". ¡No confíes en ti mismo! "Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero son caminos que llevan a la muerte". Síguele a Jesús. "Él es el camino, la verdad y la vida". Él nunca te abandonará. "Dios nunca te dejará, ni te abandonará." "Nadie te puede arrebatar de la Mano del Padre." "Ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni cosa alguna en la Creación, nos podrá apartar del amor que Dios nos ha dado en Cristo Jesús nues-tro Señor." En Jesús tú estás seguro. Lee y medita con la siguiente porción de la Palabra de Dios extraída de la Biblia: "El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío. Sólo Él puede librarte de las tram-pas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y debajo de sus alas estarás seguro. ¡Su verdad será tu escudo y no temerás el terror de la noche, ni saeta que vuele de día, ni la peste que acecha en las sombras, ni la plaga que destruye a medio día. Caerán mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal te sobrevendrá, ninguna calamidad llegará a tu hogar. Porque a sus ángeles mandará a que te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna. Aplastarás al león y la víbora; ¡herirás a fieras y serpientes! Yo lo libraré, porque se acoge en mí; lo protegeré, porque reconoce Mi Nombre. Él me invocará y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia, lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré de larga vida y le haré gozar de mi salvación". Esta es la preciosa revelación de tu relación con Dios a través de su Hijo Jesucristo. A Dios le importas mucho. Lee estas palabras una y otra vez, piensa lo que ellas dicen, y créelas como si Dios las hubiera escrito para ti personalmente. La Biblia es la carta de amor de Dios para todos los que creen en Él. Jamás ha existido alguien que te ame tanto como Jesús te ama. "Por esta razón me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, te fortalezca en lo más íntimo de tu ser, para que por fe Cristo habite en tu corazón. Pido que, arraigado y cimentado en amor, puedas comprender, junto con todos los santos, cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo; que conozcas ese amor que sobrepasa todo entendimiento, para que seas lleno de la plenitud de Dios. El que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos!" Amén.  El Amor de Dios es inagotable. De hecho, todo su amor, sus riquezas, su misericordia, su bondad, su gracia, su perdón, su poder y su paz son regalos de Él que no se agotarán jamás. Todas estas cosas sobrepasan nuestro entendimiento. Todo lo que Dios tiene te pertenece a ti y sus recursos son interminables. Todo lo que Dios tiene y todo lo que Dios es, está resumido en Jesús, quien vive en ti, y tú vives en Él. "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos". Él está vivo y hará por ti lo mismo que hizo por los que creyeron cuando Él habitó en la tierra hace más de dos mil años. Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Él vino a buscar y sal-var lo que estaba perdido. "Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él". Él vino a cambiar la maldición que el pecado puso en la humanidad por la restauración y reconciliación entre Dios y nosotros. Él vino para darnos Vida Eterna. Vida Eterna no sólo significa "para siempre", sino que es una calidad de vida en el aquí y ahora. Dios no quiere que permanezcamos atados a ningún efecto del pecado, ni a ninguna artimaña de Satanás. Jesucristo ya dejó esto muy en claro cuando sanó a los enfermos, perdonó a los pecadores, expulsó demonios, alimentó a los hambrientos y sació las necesidades de los que creyeron en Él. Eso es lo mismo que Él hará hoy día por ti y por mí. En una ocasión, "Jesús entró en casa de Pedro y vio a la suegra de éste en cama, con fiebre, le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle. Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con la sola pa-labra expulsó a los demonios y sano a todos los enfermos; para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías que: Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestras dolencias". Siglos antes de que Jesús naciera, estaba escrito: "Ciertamente Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestras dolencias, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados; sobre Él recayó el castigo de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor cargó sobre Él el pecado de todos nosotros". Años después de que Jesús murió en la cruz, fue escrita la Palabra de Dios: "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos en la justicia. ¡Por su herida han sido sanados!, porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida sus vidas!" Es muy importante que tú comprendas y creas que cuando Jesucristo murió en tú lugar, Él sufrió y murió por tus pecados, tus dolencias y tus enfermedades, para que tú seas perdonado y sanado. También está escrito: "Querido hermano, deseo que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como próspera tu alma". Dios ha perdonado tus pecados. Él te ha dado sanidad a través del sufrimiento, muerte y resurrección de Jesucristo. Tú puedes vivir en sanidad, libre de la opresión del pecado y de Satanás, así como tienes el derecho a ser perdonado por tus pecados. Todo esto es un privilegio que Jesús compró y te regalo a ti. Jesús vino para que tú puedas tener vida y que esa vida sea abundante. Tu Padre Celestial quiere que tú vivas una vida plena y completa. Su voluntad es que tú seas victorioso, en santidad, sanidad divina, prosperidad y en su paz y amor que sobrepasan todo entendimiento. Satanás en cambio vino a robar, matar y destruir; él quiere que tú permanezcas en pecado, adicciones, inmoralidad, enfermedad, dolor, pobreza, necesidad, conflicto, odio, avaricia, mentiras y en todo tipo de agonía y conflicto físico, mental y emocional, que te privarán de la volun- tad de Dios en tu vida.  Debes poner muy claro en tu mente y en tu corazón que solo quieres lo que Dios quiere para tu vida y que su voluntad es siempre lo mejor para ti. Tú debes desear para tu vida lo que Dios desea para tu vida y desearlo por la misma razón que Dios lo desea. También debes cooperar con el Espíritu Santo para que Dios pueda hacer realidad todo esto en tu vida. También debes poner muy en claro en tu corazón que vas a rechazar a Satanás y todos los engaños y deseos que él tiene para ti; y lo harás usando la Palabra de Dios para derrotarlo y para reconocer la diferencia entre su voluntad y la voluntad de Dios para tu vida. Está escrito: "Sométanse a Dios; resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes". Tú debes anhelar lo que Dios quiere para ti en todas las áreas de tu vida. También debes creer que Dios hará todo lo que Él dice que hará por ti, su hijo. Tu cuerpo y tu espíritu fueron comprados por un precio, por lo tanto, debes esperar la salud de Dios en cuerpo y espíritu y no conformarte con nada menos que eso. Está escrito: "¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido por parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por lo tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios". Cuando el perdón y el poder de sanación de Dios se manifiestan en tu cuerpo y en tu espíritu, Dios es glorificado. Cuando Jesús perdona a los pecadores y sana a los enfermos, Dios es glorificado. Satanás quiere robarle la gloria a Dios haciendo que la gente permanezca atada al pecado, la enfermedad y el dolor. Pero Satanás está derrotado y el perdón y poder sanador de Dios aún están disponibles para todos los que creen y confían en su Palabra. Para recibir sanidad tienes que saber que Dios quiere que seas sanado, tal como supiste que Dios quiere que seas perdonado y salvado. Dios quiere que seas la persona completa que Él creó y quiere saciar todas tus necesidades. Jesús jamás ignoró a los que creyeron en Él y le pidieron que les sane. Él siempre sanó y perdonó a todos los que creyeron en Él y lo sigue haciendo el día de hoy. Leamos unos cuantos relatos del ministerio de Jesús, tal como están escritos en la Biblia, de cuando Él estaba en la tierra hace más de dos mil años: "Cuando Jesús estaba en un pueblo, se le acercó un leproso. Éste vio a Jesús y se arrodilló delante de Él y le suplicó: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y tocó al hombre. Sí quiero, le dijo. ¡Quedas limpio! Y al instante quedó sano de la lepra". Este hombre cuestionó si la voluntad de Dios era que Jesús le sane. Pero Jesús contestó claramente: "¡Sí quiero!" Esta es la misma respuesta que Jesús dará hoy en día. El sanar está siempre en la voluntad de Dios. "Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. Cuando se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda; y con ella estaba mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: no llores. Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo: joven, ¡te ordeno que te levantes! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre". Jesús es tan amoroso y compasivo que hasta resucita muertos. "Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca y les dijo: crucemos al otro lado del lago. Partieron, y mientras navegaban, Él se durmió. Entonces se desató una tormenta sobre el lago, de modo que la barca comenzó a inundarse y corrían gran peligro. Los discípulos fueron a despertarlo gritando, ¡Maestro, Maestro, nos vamos a ahogar! Él se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo".  Sí, como puedes ver, incluso el viento y los mares obedecen a Jesús. "Un día, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego junto al camino pidiendo limosna. Cuando oyó que la multitud pasaba, preguntó qué acontecía, y le respondieron que Jesús de Nazaret pasaba por ahí. Entonces el ciego gritó: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte, ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo y pidió que lo traigan. El ciego se acercó, y Jesús le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? Señor, quiero ver, le respondió el ciego. Jesús le dijo: ¡Recibe la vista!, tu fe te ha sanado. Inmediatamente, recobró la vista y glorificando a Dios, comenzó a seguir a Jesús, y todos los que vieron daban alabanza a Dios". Jesús reconoció la fe de este hombre. Él creyó y fue sanado. Es por eso que enfatizamos tanto la importancia de tener fe en la Palabra de Dios. "Sin fe es imposible agradar a Dios". Recuerda esto, la fe es simple-mente confiar que Dios hará lo que Él ya prometió que hará. Es simple-mente confiar en su Palabra. Esto complace a Dios. Una gran multitud seguía a Jesús y le apretujaba. "Y una mujer que padecía de hemorragias desde hace doce años se le acercó por detrás y le tocó el manto; ella pensó: si tan sólo logro tocar su ropa, quedaré salva. Pero Jesús se dio la vuelta, vio a la mujer y le dijo: Ánimo hija, tu fe te ha salvado". Una vez más, Jesús hizo lo que los doctores no pudieron hacer, en respuesta a la fe de esta mujer. Tú también puedes creer y ser sanado. Estos son sólo unos pocos milagros que están escritos en la Palabra de Dios. Hay también muchas otras cosas que hizo Jesús, tantas, que si se escribieran una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo entero. La salvación, desde el punto de vista de Dios, implica salvar y liberar al ser humano, en su totalidad, de los efectos del pecado y restaurarlo completamente al plan que Dios tiene para toda la humanidad. No le limites a Dios. Cree en la Biblia, la Palabra escrita de Dios, y cree en Jesús, la Palabra Viva de Dios. Aprovecha al máximo todos los beneficios de conocerle a Dios y dale toda la gloria por todo lo que Él ha hecho por ti. No permitas que el diablo te robe nunca más. ¡Él es un mentiroso! El siguiente capítulo de este libro te enseñará cómo recibir todos los beneficios que Dios te regala a través de Jesús. Descubrirás cómo apropiarte de las promesas de Dios y aprenderás a experimentar todos los beneficios de conocerle personalmente. Este es un buen momento para concluir el capítulo cuatro, pero antes, ofrezcamos a Dios una oración de agradecimiento por todo lo que acabas de aprender: Mi amado Padre Celestial: Gracias porque toda tu plenitud habita corporalmente en Jesús. En Él yo soy completo. Ahora tengo Verdadera Felicidad porque tengo a Jesús. Nunca más me faltará nada ni nadie. Yo estoy en Jesús y Él está en mi, yo tengo a Jesús y Él me tiene a mí. Ahora somos uno solo. Gracias Señor porque Tú eres mi Pastor y nada me faltará. Gracias porque Tú estás siempre conmigo y nunca me abandonarás. Gracias por guiarme, por protegerme y por saciar todas mis necesidades. Gracias por encaminarme en sendas de justicia y porque puedo vivir sin miedos, sin preocupaciones y sin dudas. Gracias Señor porque nada me puede separar de tu amor. Gracias porque ahora habito bajo tu sombra, porque ningún mal me puede acechar y porque Tú me satisfaces con una larga vida. Gracias Señor porque la enfermedad y el dolor ya no tienen poder sobre mí. Yo los rechazaré tal como rechazo al diablo. Siempre me acercaré a Ti para recibir tu sanidad, así como me he acercado para recibir tu perdón; y sé que Tú te acercarás a mí y me guardarás conforme a tu Palabra. Gracias porque tu Palabra es viva y activa en mi vida.  Estoy tan agradecido al saber que al ver a Jesús te veo a Ti Dios. Sé que, a través de Jesús, harás por mí lo mismo que hiciste por todos los que creyeron en Jesús cuando Él estuvo en la tierra. Amado Señor, nunca te limitaré en mi vida. Quiero conocerte tal como eres. Confiaré en tu Palabra y siempre creeré todo lo que dices, sin importar lo que vea, oiga, piense o sienta. Sé que tu Palabra es verdad y que Tú jamás me mentirás ni me engañarás. Sé que Tú me amas como nunca antes he sido amado y yo te amo también. En el Nombre de Jesús he orado, ¡Amen! La Verdadera Felicidad
Es Orar Con Éxito
Capítulo Cinco ¡La Verdadera Felicidad Es Orar Con Éxito! Millones de personas oran alrededor del mundo cada día, pero un porcentaje muy pequeño de estas personas reciben una respuesta. La oración verdadera no es una tradición o un ritual religioso que realizamos para apaciguar a un poder más alto o a "los dioses". La oración verdadera es una comunicación directa con nuestro Creador a través de su Hijo, Jesucristo. Aprender a orar como nos indica la Palabra de Dios es indispensable para nuestro éxito como Cristianos. Este es uno de los privilegios más preciados que tenemos como hijos de Dios. Podemos orar en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, y estar seguros que nuestro Padre Celestial nos escuchará y contestará nuestras oraciones, con-forme a lo que nos ha prometido en su Palabra. Este capítulo te enseñará a comunicarte con tu Padre Celestial y a recibir de Él todo lo que necesitas. La Verdadera Felicidad Es Orar Con Éxito.....  La Oración Verdadera es una comunicación directa con nuestro Creador, a través de su Hijo, Jesucristo. La oración que hiciste al final del capítulo uno te restauró a una relación personal con Dios. Tú te convertiste en su hijo, y Él se convirtió en tu Padre Celestial. Esa fue la oración más importante que jamás harás en tu vida. La oración seguirá jugando un papel vital en tu éxito como hijo de Dios. Debes dedicar tiempo a la comunicación con tu Padre Celestial, para que llegues a conocerle más íntimamente. La comunicación es muy importante para el desarrollo de tu relación personal con Él. A Dios le encanta que sus hijos se comuniquen con Él. A diferencia de muchos padres terrenales, Él nunca está muy ocupado para escucharte. Una oración puede ser tan simple como un niño hablando con su padre. Puede ser sobre cualquier tema y puede incluir alabanza, agradecimiento y peticiones, tanto para ti como para otros. Las oraciones que has hecho al final de cada capítulo son mayormente de alabanza y agradecimiento. En ellas, tú has expresado tu gratitud por lo que Dios es y por lo que Él ha hecho por ti y toda la humanidad. La alabanza es decirle a Dios lo que Él mismo te ha revelado acerca de Él, y luego agradecerle por ser quien es. La alabanza y el agradecimiento son formas de expresar en palabras a Dios tus pensamientos sobre Él y el aprecio que le tienes. Puedes alabar y agradecer al Señor con todo tu ser: tu espíritu, tu mente, tus emociones y tu cuerpo. Puedes alabarle y agradecerle a Dios por medio del canto, elevar tu voz y alabar a Dios. También bailar ante el Señor y alabarle con instrumentos musicales. Puedes alabarle alzando tus manos, o alabarle y agradecerle calmadamente y en silencio. La alabanza y el agradecimiento salen de tu corazón y se derraman hacia el Señor para expresar tu amor y gratitud hacia Él. No existe una sola manera de alabar a Dios, ni tampoco hay palabras específicas. Las formas de alabar y agradecer a Dios son tan diversas como son sus hijos, y a Él le encanta escuchar y observar como tú le expresas tu amor y gratitud. La Biblia dice: "Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Jesucristo, sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre". La Biblia dice: "Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable". La Biblia también dice: "Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es la voluntad de Él para ustedes en Cristo Jesús". Tú ya tienes mucho por agradecer y alabar a Dios. Haz que tu actitud sea de alabanza y agradecimiento, así no solo le darás a Dios la gloria que Él se merece, tendrás también felicidad y gozo inundando tu mente y tu espíritu. Dios hará cosas especiales en tu vida mientras le alabas y le agradeces. La oración verdadera también es el medio por el cual tú recibes de Dios. Ya hemos discutido muchas de las bendiciones que Él promete a sus hijos. Sin embargo, al igual que el perdón de los pecados, todas sus bendiciones deben ser recibidas a través de tu fe en la oración. Por ejemplo, Jesucristo murió para pagar el pecado de todas las personas, pero no todas las personas son salvas. ¿Por qué? Porque no todas las personas invocan el Nombre del Señor con fe, como lo hiciste tú, pidiéndole a Dios que te salve. Aunque la vida eterna es un regalo que ya fue pagado por Dios, todos deben recibirla por fe, pero no todos lo hacen. De la misma manera, aunque Jesús sufrió y llevó en su cuerpo la enfer medad, la dolencia y el dolor de toda la humanidad, muchos no son sanados porque no invocan con fe el nombre de Jesús, el Sanador, para que les cure. Ya hemos discutido cómo Dios, nuestro Padre Celestial, quiere bendecirnos, perdonarnos, sanarnos, saciar nuestras necesidades, guiarnos y dirigir nuestras vidas, pero esto no sucede automáticamente. Aquí es cuando pedir en oración entra al cuadro. Creer en la oración es la mane-ra en que recibimos las bendiciones que Dios nos ha prometido. La Biblia dice: "Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todos nuestros pedidos, sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido". Pedir conforme a la voluntad de Dios es simplemente pedir conforme a su Palabra, específicamente, conforme a sus promesas.  Cuando pedimos algo conforme a la voluntad de Dios, lo cual es la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que Dios contestará conforme a su Palabra. Esta es la razón por la cual sabemos que nuestras oraciones serán respondidas y que recibiremos lo que pedimos. A Dios le encanta responder a las oraciones de sus hijos. Jesús dijo: "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aún siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el Cielo dará cosas buenas a los que le pidan!" Tú, como un hijo, puedes y debes acercarte a tu Padre Celestial con confianza. Él te ama y quiere lo mejor para ti. Recuerda que Él envió a su Hijo Jesús para que muera en tu lugar, para así poder tener esta relación contigo. También es importante que sepas que Dios tiene todo lo que tú necesitas, recursos inagotables de todo tipo. Nada es difícil para el Señor. Confía y acércate a Él en oración. En una ocasión, hace muchos años, los seguidores de Jesucristo le pidieron que les enseñara cómo orar. Él respondió: "Su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que se lo pidan. Ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que pecan contra nosotros. No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal, porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén”. Jesús nos enseña que Dios ya sabe lo que necesitamos, incluso antes de pedírselo, y que nos dirijamos a Él como nuestro Padre que está en los Cielos. Debemos santificar, reverenciar y honrar el Nombre de Dios. Aunque Dios es nuestro Padre y Amigo y nos ama profundamente, debemos mostrarle el honor, la reverencia y el respeto que Él se merece. Jesús también nos enseña que oremos para que su Reino y su Voluntad vengan y se hagan en la tierra, tal como en el Cielo. Su Reino es su señorío y su gobierno sobre nuestras vidas. En otras palabras, oramos para que el señorío y el reinado de nuestro Padre Celestial existan en nuestras vidas en la tierra, tal como en el Cielo. Oramos para que lo que nos pase en el Cielo, pase aquí en la tierra en este mismo momento. Esta es una verdad asombrosa que nos ayuda a saber cómo orar con-forme a la voluntad de Dios, su bondadosa, complaciente y perfecta voluntad. No estamos solo orando para que Dios gobierne y reine en cada situación que pasa aquí en la tierra, tal como lo está haciendo en el Cielo, también estamos orando para que su voluntad se haga en la tierra, tal como se está haciendo en el Cielo en este momento. Por ejemplo, si tú hoy día estás triste o desanimado, sabes que debes orar a tu Padre Celestial para que te dé gozo y ánimo y saber que esa es su voluntad para ti, porque así sería su voluntad para ti en el Cielo. La tristeza y el desánimo no existen en el Cielo. También, si tú estás enfermo o adolorido, debes saber que la voluntad de Dios es que te sientas bien y libre de dolor aquí y ahora, ya que en el Cielo no hay ni enfermedad ni dolor. Por lo tanto, puedes orar con la confianza de que Dios te curará de cualquier enfermedad o dolencia que tengas. Jesús nos enseña siempre a confiar que nuestras necesidades serán saciadas y ha orar con esa expectativa, creyendo que Dios saciará nuestras necesidades conforme a sus gloriosas riquezas por Cristo Jesús. No importa cual sea nuestra necesidad, podemos orar y esperar que Dios supla nuestras necesidades cada día. Recuerda, "El Señor es mi Pastor, nada me faltará". Jesús nos enseña también que cuando pecamos, debemos orar por perdón, sabiendo que "...Dios es fiel y justo, y nos perdonará y limpiará de toda maldad". Porque, a pesar de que ahora somos redimidos y somos hijos de Dios, a veces todavía pecamos.  También se nos enseña que debemos orar por otros y perdonarlos cuando ellos pecan en nuestra contra. Lo hacemos porque así mismo Dios nos perdona nuestros pecados en contra de Él. Jesús nos enseña a orar para ser liberados del mal y para no caer en tentación. Todos somos tentados a pecar. Satanás es el tentador, y muchas veces también somos tentados por los deseos de nuestro propio corazón, pero la tentación por si sola no es pecado. Debemos orar para ser liberados del mal, y resistirnos al pecado cada vez que seamos tentados. Jesús dijo a sus seguidores: "Estén alertas y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil". También esta escrito acerca de Jesús: "Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado de la misma manera que nosotros, pero nunca pecó. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos". Por lo tanto, cuando seamos tentados a pecar debemos identificarnos con Jesucristo, quien es nuestra victoria sobre la tentación y sobre el tentador. Debemos acercarnos al trono de gracia con confianza, sabiendo que nuestro Padre Celestial está esperándonos para darnos gracia y misericordia en nuestros momentos de necesidad. Jesús concluye su enseñaza sobre la oración con la verdad de que siempre confiemos en el Reino, el poder y la gloria de nuestro Padre Celestial. El reinado, la soberanía, el poder y la gloria de Dios, están disponibles para responder a nuestras oraciones por siempre. Dios ha puesto todos los recursos del Cielo a nuestra disposición para así saciar nuestras necesidades aquí en la tierra, siempre y cuando oremos con fe, creyendo que Dios hará lo que ha prometido hacer por sus hijos. Jesús dijo: "Todo lo que pidan orando, crean que lo van ha recibir, y lo obtendrán". Es muy importante comprender esto y ponerlo en práctica. Cuando ores, confía en que ese mismo momento estás recibiendo lo que pediste. No esperes ver lo que pediste, recibe tu respuesta por fe, sabiendo que Dios ha respondido, y después lo verás con tus ojos. ¡El ver no es creer, sino que creer es ver! Jesús dijo una vez a su seguidor Tomás, "Porque me has visto, creíste; dichosos los que no han visto y sin embargo creen". Recuerda, "La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Ya que tenemos confianza en la Palabra de nuestro Padre Celestial, no necesitamos ver algo para creerlo. Esta es la fe que agrada a Dios. "Sin fe, es imposible agradar a Dios". Recuerda que nuestra relación con Dios está basada en nuestra creencia en la integridad y veracidad de su Palabra. Dios nos habla y se mani-fiesta a nosotros en su Palabra, la Biblia, y nosotros la creemos y actuamos según lo que nos dice, sin importar cuales sean nuestras circunstancias, y sin importar lo que sintamos, veamos, o pensemos. Confiamos en la Palabra de Dios, esperando que suceda todo lo que nos ha prometido, especialmente cuando oramos. A continuación están más palabras de Jesús acerca de la oración: "Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mí Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mí Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos". "De cierto les digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Todo lo que pidan al Padre en mí Nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo piden en mí Nombre, yo lo haré." "Si permanecen en mí y mis Palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá".  "No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mí Nombre." "En aquel día no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mí Padre les dará todo lo que le pidan en mí Nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mí Nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea cumplida". Nosotros tenemos una relación con nuestro Padre Celestial gracias a Jesús, y Dios responde nuestras oraciones gracias a Jesús. Jesucristo es todo para nosotros; sin Él, no somos nada. Por eso, cuando nos dirigimos a Dios en oración, lo hacemos en el nombre de Jesucristo. Cuando pedimos algo en el nombre de Jesús, es como si Jesús le pidiese al Padre por nosotros. Como puedes ver en las Palabras de Jesús que acabas de leer, podemos dirigirnos a nuestro Padre Celestial en el Nombre de Jesús con absoluta confianza, y Dios responderá nuestras oraciones. Cuando pides en el Nombre de Jesús, cuenta que recibirás todo lo que pediste y más. Recuerda que le estás pidiendo ayuda al Creador de todo el universo, al que creó de la nada todo lo que ves. !Él habló y se hizo! Está escrito: "Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros". Tú ya no tienes por qué preocuparte o angustiarte. Está escrito: "No se angustien por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús". Siempre que te haga falta la paz de Dios, ora y pon todas tus preocupaciones en el Señor, agradeciéndole mientras haces tu petición y su paz será tuya. En tu vida cristiana tendrás momentos en los que no sabrás qué hacer y necesitarás la sabiduría de Dios. Está escrito: "Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y Él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. Pero pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que recibirá cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace". Tú siempre puedes pedirle sabiduría a Dios, y debes estar seguro que te responderá dándote la sabiduría que necesitas. La oración es la forma de aferrarte a Dios. La Biblia dice: "Dedíquense a la oración, perseverando en ella con agradecimiento". "Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones". Desarrolla el hábito de orar diariamente, incluso varias veces al día. Busca un lugar silencioso donde puedas dedicarle tiempo al Señor y orar todos los días. A continuación están unos versos de la Palabra de Dios que nos cuentan los momentos en que Jesús oraba: "Después de despedir a la gente, Jesús subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí Él solo". "Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar". "Sucedió en aquellos días, que Jesús se fue a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios". "Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar". Jesucristo priorizó estar a solas con Dios para orar, y cada uno de nosotros debe hacer lo mismo para mantener nuestra relación con Él. Démosle gracias a Dios en este momento en oración: Amado Padre Celestial: Quiero alabarte y agradecerte por ser quién eres. Eres tan maravilloso y asombroso. Me impresionan tu gloria y tu bondad. Estoy tan agradecido de permitirme acercarme a Ti por medio de la oración en el Nombre de Jesucristo. Te alabo por revelarme tu amor hacia mí, un hijo tuyo. Gracias por invitarme en tu Palabra a venir confiadamente a tu trono de gracia, para así encontrar misericordia en mis momentos de necesidad. Gracias, Señor, por estar tan dispuesto a escuchar y responder mis oraciones. Gracias porque puedo acercarme a Ti con seguridad cuando vengo en el Nombre de Jesús.  Te agradezco, Señor, porque te encanta regalar cosas buenas a Tus hijos, y porque Tú sabes lo que necesito, aún antes de que te lo pida. Gracias por hacer que conozca tu voluntad a través de tu Palabra, para así siempre poder orar conforme a tu voluntad, y por ende, siempre esperar tus respuestas. Estoy tan agradecido porque tu voluntad para mí aquí en la tierra es la misma que en el Cielo. Te pido en este momento, Padre Celestial, que tu Reino venga, gobierne y maneje mi vida. Te agradezco por perdonar mis pecados, y yo también perdonaré a todos los que pequen contra mí. Te pido que Tú suplas todas mis necesidades con tus gloriosas riquezas por Cristo Jesús. Te pido vivir en prosperidad y salud divina conforme a tu Palabra, mientras prospero espiritualmente. Te agradezco porque Tú me das en abundancia, y porque Tú eres más que suficiente para mí. No tengo nada de que preocuparme. Gracias por tu paz que sobrepasa todo entendimiento y guarda mi mente y mi corazón en Cristo Jesús. Te agradezco porque el pecado, la enfermedad y la necesidad ya no tienen poder sobre mí, y ahora soy vencedor a través de Jesucristo, mi Señor, mi Salvador y mi Sanador. Te pido que me des ahora toda la sabiduría que necesito para vivir una vida de fe y de amor para tu honra y gloria. Gracias por el Espíritu Santo que ahora me guiará a toda verdad. Enséñame a vivir de una manera agradable para Ti, para así ser siempre lo que Tú quieres que yo sea, para hacer siempre tu voluntad. Gracias por escuchar mis oraciones. En el nombre de Jesús he orado, ¡Amen! La Verdadera Felicidad
Es Vivir En El Espíritu
Capítulo Seis ¡La Verdadera Felicidad Es Vivir En El Espíritu! ¡El Espíritu Santo ya impactó tu vida de una manera grandiosa cuando recibiste a Jesucristo como tu Señor y Salvador personal! Fuiste iluminado por el Espíritu de Dios y después naciste de nuevo por el Espíritu Santo. Él ahora vive en ti, quiere guiarte y dirigirte en cada aspecto de tu vida. Ahora que el Espíritu Santo vive en ti, eres capaz de llegar mucho más allá de tu entendimiento y de tus instintos naturales. Tú has sido vivificado y nacido nuevo en Cristo, y tus posibilidades son infinitas. El Espíritu Santo ahora puede guiar y dirigir todas las áreas de tu vida en formas que jamás has soñado. El Espíritu de Dios ha testificado, junto con tu espíritu, que tú eres su hijo, y al cooperar con Él y seguir su senda, tú serás guiado en todo lo que haces. La Verdadera Felicidad Es Vivir En El Espíritu......  Jesucristo sabía que pronto entregaría su vida para salvar a la humanidad, y que al hacer esto regresaría con su Padre en el Cielo. Así que, antes de morir dijo lo siguiente a los que estaban con Él y creían en Él: "Yo pediré al Padre, y Él les dará otro Consolador, para que los acompañe siempre: el Espíritu de Verdad, a quien el mundo no lo puede recibir porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No les voy a dejar huérfanos". "Todo esto les digo ahora que estoy con ustedes. Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mí Nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho. La paz les dejo, mí paz les doy. Yo no se la doy como el mundo la da. No se angustien ni se acobarden". "Cuando venga el Consolador, que Yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, Él testificará acerca de mí. Y también ustedes darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio". "Todo esto les he dicho para que no pierdan su fe". "Les digo la verdad: les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se los enviaré a ustedes". "Cuado venga el Espíritu de la Verdad, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas que vendrán. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se los dará a conocer a ustedes. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes". Jesús ministró en la tierra por más de tres años, tiempo en el cual estuvo físicamente presente con sus discípulos todos los días. Él saciaba sus necesidades y todos los días ellos aprendían directamente de Él. Por eso, cuando era hora de que Jesús regrese a su Padre en el Cielo, Él quería consolarles, alentarles y asegurarles que Dios seguiría con ellos, tal como Él había estado con ellos todo ese tiempo. La Biblia, la Palabra de Dios, nos enseña que solo hay un verdadero Dios que se manifiesta en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es muy importante reconocer a cada una de las personas de esta Trinidad y desarrollar una relación apropiada con cada uno, tal como la Palabra de Dios nos enseña. Tu primer encuentro con el Espíritu Santo fue cuando Él comenzó a hacerte notar que necesitabas tener una relación con tu Creador. Él abrió tus ojos a cosas espirituales, avivándote mientras seguías muerto en tus pecados. Él te reveló a Jesucristo como el Salvador, el único camino a Dios. Cuando tú oraste para recibir a Jesús como tu Señor y Salvador, naciste de nuevo, o en otras palabras, naciste en el Espíritu. En ese momento heredaste de Dios una naturaleza espiritual y divina y pudiste comenzar a relacionarte con Él. Ahora vives en verdad espiritual, con una vida completamente nueva. Este Nuevo Reino, que estás comenzando a conocer, es espiritual y celestial, mas no natural ni terrenal; y es revelado solamente por el Espíritu Santo a aquellos que han nacido en el Espíritu de Dios. En una ocasión, cuando Jesús estaba conversando con un hombre muy religioso, le dijo: "De cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios. El hombre le dijo ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer? Jesús respondió: De cierto te digo que el que no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace del cuerpo, cuerpo es; lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas que te haya dicho: Tienen que nacer de nuevo. El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu". Aún hoy día, el mundo está lleno de gente religiosa que no comprende la verdad espiritual. Ellos no pueden percibir el Reino de Dios, ni entrar en Él. Todos sus actos, sus tradiciones y sus buenas obras son en vano. Ellos deben nacer en el Espíritu de Dios recibiendo a Jesucristo como su Señor y Salvador personal.  Recuerda siempre lo que dijo Jesús de Él mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie llega al Padre sino por mí". ¡Jesucristo es el único camino para llegar a Dios! Va a ser muy difícil que la gente religiosa comprenda tu nueva forma de pensar, vivir y actuar, pero esto no debe sorprenderte, ya que la Biblia dice: "El hombre natural no entiende las cosas del Espíritu de Dios, pues para él son locura. No pueden entenderlas porque hay que discernirlas espiritualmente. En cambio, el que es espiritual juzga todo, pero él no es juzgado por nadie, porque, ¿Quién ha conocido la mente del Señor para que pueda instruirlo? Nosotros, por nuestra parte, tenemos la mente de Cristo". Por eso, si no recibes a Jesús como Señor y Salvador y no naces en el Espíritu de Dios, no esperes que piensen como tú, actúen como tú, o ten-gan tus mismas prioridades. Lo más probable es que tu nueva forma de pensar y tu nuevo modo de vivir sean ridículos para ellos. Además, tú no te sometas a su modo de pensar, de vivir, ni juzgar las cosas. Ahora tú tienes la mente de Cristo, por lo tanto el Espíritu Santo te ayudará y te enseñará todo lo que tienes que saber para vivir conforme a los preceptos del Reino de Dios. Tal como lo dijo Jesús: "...el Espíritu Santo los guiará a toda la Verdad." También está escrito: "¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tam-poco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Él nos ha concedido". La Palabra de Dios nos dice que todos los creyentes debemos ser guia dos a la verdad por el Espíritu Santo, mas no por la gente. "Estas cosas les escribo acerca de quien procura engañarlos. Pero la Unción que recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa Unción es auténtica, no es falsa, y les enseña todas las cosas. Permanezcan en Él, tal y como les enseñó". El Espíritu Santo siempre te enseñará la verdad y te enseñará cómo discernir entre la verdad y las mentiras de nuestro enemigo Satanás. Tú debes confiar en el Espíritu de Dios y no en tu propio razonamiento, ni en el de otros que no tienen al Espíritu de Dios. El Espíritu Santo conoce los pensamientos de Dios y es Quién inspiró la escritura de la Biblia, la Palabra de Dios. Así como a Jesús le confiamos nuestro destino eterno, debemos ahora confiarle al Espíritu Santo todos los aspectos de nuestras vidas. Porque, confiando en Él, nos guiará hacia toda verdad. Nosotros debemos hacer un esfuerzo diario para desarrollar nuestra relación con el Espíritu Santo. No en un sentido físico, emocional o intelectual, sino haciendo que nuestro espíritu se comunique con el Espíritu de Dios; y la manera de hacerlo es leyendo, estudiando y meditando en la Biblia, la Palabra de Dios. Su Palabra debe ser una parte vital e integral en nuestra relación con el Espíritu Santo. Recuerda que nuestro enemigo Satanás es mentiroso y él a veces trabaja como un falsificador. Él hace que sus mentiras parezcan verdad, y la única manera que nosotros reconozcamos sus mentiras es conociendo la verdad. Cuando nosotros conocemos la Palabra de Dios, o sea la verdad inspirada por el Espíritu Santo, entonces podemos comparar la verdad con las mentiras del diablo y discernirlas. Por lo tanto, es importante conocer la Palabra de Dios para así poder identificar cuándo Dios nos está hablando a través de su Espíritu. Todo lo que es del Padre, es de Jesús, de tal manera que el Espíritu Santo toma lo que es de Jesús y lo revela a nosotros. Así que, cuando el Espíritu Santo se comunique con nuestro espíritu, Él estará comunicando el pensamiento de Dios, el cual coincide perfectamente con su Palabra, la Biblia. Su Palabra escrita y su Palabra hablada son una sola.  Si nosotros pensamos que el Espíritu Santo nos guía en algo que de alguna manera contradice la Palabra escrita, entonces sabemos que no proviene de Dios. Puede ser que el diablo, o nuestro intelecto natural, o nuestros sentimientos nos estén engañando. También puede ser nuestro deseo natural de hacer las cosas a nuestro modo. Está escrito: "La Palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta lo más profundo del alma y el espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón". La Palabra de Dios es nuestro resguardo en toda situación. "Lámpara es a mis pies tu Palabra y una luz a mi camino". La Palabra de Dios siempre nos revelará y confirmará el pensamiento de Dios y su bondadosa, complaciente y perfecta voluntad para nuestras vidas. Su Palabra puede separar lo espiritual de lo natural en nuestros corazones, mentes, emociones y deseos. Sin embargo, para recibir la dirección de Dios y la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas, debemos someternos completamente a su voluntad. Debemos desear lo que Dios desea para nosotros. Debemos anhelar lo que Dios anhela para nuestras vidas, y debemos anhelarlo por la misma razón que Dios lo anhela. Entonces el Espíritu Santo podrá comunicarnos y llevar a cabo en nosotros la perfecta y complaciente voluntad de Dios. Nada es más emocionante y más gratificante que vivir la vida que Dios ha preparado para nosotros. Vivir en perfecta armonía con tu Creador y Redentor es la experiencia más tranquilizante y más regocijante que puedes tener y eso es lo que Dios quiere para ti. Cuando sigas la dirección del Espíritu Santo, sentirás la presencia, la paz y la paternidad de Dios cada segundo de tu vida. Está escrito: "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu fijan la mente en las cosas del Espíritu. Porque ocuparse de la carne es muerte, mientras que ocuparse del Espíritu es vida y paz". y "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios". Debemos concentrarnos en lo que el Espíritu Santo desea y dejar que Él domine y controle nuestros pensamientos. Así podremos ser guiados por el Espíritu Santo en todo. No podemos ordenarle a Dios que haga las cosas a nuestra manera. Al contrario, debemos echar fuera nuestros planes e ideas preconcebidas y rendir nuestra voluntad ante Él. Luego, debemos estar listos para obedecer. Dios solo nos iluminará y nos guiará cuando tengamos la intención de obedecerle. Porque de lo contrario, aumentaría nuestra desobediencia. Nuestra intención debe ser conocer la voluntad de Dios con el propósito de obedecerla, sin importar cual sea su voluntad. Si somos selectivos en nuestra obediencia a la voluntad de Dios, entonces obstruiremos, o incluso perderemos, la habilidad de escuchar su voz y percibir la dirección del Espíritu Santo. Por nuestro propio bien y por la gloria de Dios, debemos estar listos para obedecer la dirección del Espíritu Santo en toda situación. Al hacerlo, estamos diciendo con nuestras acciones que confiamos sin duda alguna en nuestro Padre Celestial. Además de obedecer al Espíritu Santo, debemos confiar en Él. Debemos creer que Él está con nosotros guiándonos en cada paso. Debemos apoyarnos en Él con todo nuestro corazón, mirando su rostro confiadamente, sabiendo que será sincero con nosotros. La Biblia lo pone de esta manera: "Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas". También está escrito: "Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en Él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto". Debemos confiar que el Espíritu Santo nunca nos guiará en la dirección equivocada. Él solo quiere lo mejor para nosotros. Él conoce los pensamientos de Dios y conoce todo de principio a fin. Él nunca comete errores y tú debes aprender a confiar plenamente en Él. Esta confianza no se adquiere de la noche a la mañana, se la aprende practicándola una y otra vez. Pero Dios nos comprende y es muy paciente con nosotros.  Podemos tropezar de vez en cuando en nuestro caminar con el Señor, pero Él no nos dejará caer; especialmente cuando sabe que estamos buscando su voluntad, queremos seguirle y traer gloria a su Nombre. Dios nos ayudará a aprender de nuestros errores, para así poder identificar su voz y su dirección en futuras situaciones. Al igual que en nuestra vida física, nuestra vida espiritual comienza como la de un bebé. Nos toma tiempo aprender a gatear, luego a pararnos hasta lograr caminar. De la misma manera, aprender a caminar en el Espíritu y practicarlo regularmente también toma tiempo. Al caminar en el Espíritu vivimos una vida agradable a Dios. Como hijos suyos, queremos llevar una vida que glorifique a nuestro Padre Celestial y que manifieste la vida de Jesucristo a otros. Esto se logra caminando en el Espíritu paso a paso. La Biblia dice: "Vivan por el Espíritu, y no sigan los deseos de la carne". "Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio para Dios". Ya no vivimos atados al diablo y al pecado. Está escrito: "Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud". Éramos esclavos del pecado, pero ahora somos libres para vivir cómo Dios siempre lo quiso. Ahora podemos vivir tal como Jesús vivió, el Espíritu Santo nos ayudará a saber cómo y nos dará el poder y la habilidad para vivir como Él. La Biblia dice: "Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu". Ya no vivimos conforme a los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa. Ahora caminamos guiados paso a paso por el Espíritu Santo, quien nos revelará la vida de Jesús. Caminar en el Espíritu y mantener su paso son decisiones que tenemos que tomar día a día. El Espíritu Santo siempre trata de vivir la vida de Jesús a través de nosotros. La vida de Jesús es una vida de amor. Dios es amor, y no hay otra palabra que pueda describir mejor la vida de Jesucristo que la palabra amor. "Jesucristo no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos". Al igual que Jesús, nosotros debemos vivir la vida de amor de Dios con la dirección y autoridad que nos da el Espíritu Santo. Toda la ley de Dios está resumida en las Palabras de Jesús: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y ama a tu prójimo como a ti mismo". y "Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes". "El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bon-dad, fe, humildad y dominio propio". El Espíritu Santo producirá este fruto de amor en tu vida a medida que vayas cediendo y obedeciendo. "El amor es paciente y bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no se jacta ni es orgulloso. No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca se extingue". "Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo". Por lo tanto podemos amar a Dios supremamente y a otros como a nosotros mismos. En otras palabras, obedecemos al Espíritu Santo en todo, considerando lo que Jesús haría en cada situación, y luego lo hacemos así, sin importar lo que nuestra carne o nuestras emociones quieren. En cuanto al prójimo, lo que tú quieres que alguien más haga por ti en cierta situación, eso es lo que debes hacer tú por los demás. Debes tratar a los demás como te tratas a ti mismo. Nunca más tendrás que ponerte a ti primero ya que Cristo te ha hecho completo y ha llenado el vacío en tu vida. Ahora puedes ponerle a Dios primero en todo, y a otros antes que ti. Lee, medita y obedece el siguiente pasaje de la Palabra de Dios:  "Si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo de amor, o comunión en el Espíritu, algún afecto entrañable, entonces llénenme de alegría teniendo ese mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; mas bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a si mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó al máximo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre". Si tú lees y obedeces estas Palabras de Jesús serás bendecido: "A ustedes que me escuchan les digo: amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la camisa, no le impidas que se lleve también la capa. Dale a todo el que te pida, y si alguien se lleva lo que es tuyo, no lo reclames. Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. ¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aún los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aún los pecadores actúan así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al prestar a quienes esperas recibir? Aún los pecadores se prestan entre si, esperando recibir el mismo trato. Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y den sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso con los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo. No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará. Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Por que con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes". El Espíritu Santo nos guiará, nos incitará a imitar a Jesucristo y a obedecer sus enseñanzas cada día de nuestras vidas. Obedece al Espíritu Santo y sentirás cada vez más su presencia y dirección en tu vida, hasta que desarrolles una relación íntima y verdadera con tu Padre Celestial, con Jesús y con el Espíritu Santo. Recuerda que el Espíritu Santo es un Ser Divino, una persona que no puedes ver, pero que es más real que cualquier persona que puedas ver y tocar. Él no te forzará a que le aceptes. Debes ser sensible a su presencia en tu vida y permitirle que Jesús se manifieste en ti. Al ser un hijo de Dios, el modo en el que vives es muy importante. El siguiente pasaje de la Palabra de Dios te dará una guía y te ayudará a no agraviar la presencia del Espíritu Santo: "Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes las escuchan. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sella-dos para el día de la redención. Abandonen toda amargura, ira, enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutua-mente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo".  "Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. Entre ustedes no debe haber inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias, ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acción de gracias. Porque pueden estar seguros que nadie que sea avaro, idólatra, inmoral o impuro tendrá herencia en el Reino de Cristo y de Dios. Que nadie los engañe con argumentaciones vanas, porque por esto viene el castigo de Dios sobre los que viven en desobediencia. No se hagan cómplices de ellos. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor. No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas". En este capítulo has comenzado a conocer quién es el Espíritu Santo y cómo desarrollar una relación íntima con Él, y de ese modo, has aprendido a experimentar Verdadera Felicidad. En el próximo capítulo, conocerás otros aspectos del ministerio del Espíritu Santo en tu vida. Antes de orar, por favor lee estas Palabras de Jesucristo: "Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en el Cielo dará el Espíritu Santo a los que le pidan?" La siguiente oración puede ayudarte en el crecimiento de tu relación con el Espíritu Santo: Amado Padre Celestial: Quiero agradecerte por acercarme a Ti a través del Espíritu Santo, y por darme el regalo de la Vida Eterna por medio de mi nuevo nacimiento espiritual. Gracias por prometer que darás al Espíritu Santo a cualquier persona que lo pida. Por eso, pido en este momento que el Espíritu Santo entre en mi vida y guíe, dirija, llene y controle cada área de mi vida, que me manifieste a Jesús y me enseñe a vivir para Ti. Gracias por siempre mantener tus promesas, y gracias porque el Espíritu Santo ya está en mi vida haciendo que Jesús sea más y más real para mí. Ayúdame a ser sensible con el Espíritu Santo y a no agraviarlo de ninguna manera, sino a reconocer su presencia en mi vida. Confío en que Tú, Espíritu Santo, me guíes a toda verdad y manifiestes a Jesús en mi vida, todos los días. Te agradezco Dios, por darnos el Espíritu de Verdad y porque ahora pienso como Jesús, y por lo tanto, puedo discernir y juzgar entre la verdad y la mentira. Te agradezco porque con la Palabra de Dios puedo identificar cualquier espíritu y saber si eres Tú guiándome, u otro espíritu engañándome. Quiero siempre conocer tu voluntad y actuar en ella. Gracias Padre, porque tu amor ha sido derramado por el Espíritu Santo en mi corazón y ahora puedo vivir una vida de amor hacia Ti y hacia otras personas. Sé que ahora estoy completo en Jesús y puedo ponerte a Ti primero y a otros antes que mí. Yo decido ceder mi vida al Espíritu Santo y deseo ver el fruto del Espíritu manifestado en mí para que Tú seas glorificado a través mío y para que otros se beneficien de mi vida. Quiero que mi vida sea utilizada por Ti Señor, y confío que Tú me fortalecerás y me cambiarás en cualquier aspecto que necesite para que yo Te sea útil. ¡Te amo Dios, y estoy tan agradecido por pertenecerte a Ti! En el Nombre de Jesús he orado, ¡Amen!  La Verdadera Felicidad Es
Una Alianza Con Dios
Capítulo Siete ¡La Verdadera Felicidad Es Una Alianza Con Dios! Vivir en una alianza con nuestro Creador es la experiencia más gratificante de la vida. Así es como alcanzamos nuestro máximo potencial y nuestro mayor propósito como hijos de Dios. No hay experiencia en nuestra vida que se compare a la alianza que hicimos con Dios. Nuestra cooperación diaria con Dios para llevar a cabo su plan y propósito en nuestra vida y en la vida de los demás, nos da como resultado un gozo profundo y Verdadera Felicidad. Vivir fuera de una relación y alianza con Dios es lo que causó que tu vida esté vacía y sin sentido, pero cuando recibiste a Jesús y naciste de nuevo, te convertiste en un aliado de Dios. Estás listo para vivir sobrenaturalmente, junto al Señor, por el poder del Espíritu Santo. Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor les ayudó en la obra y confirmó su Palabra con las señales que la acompañaron. Ahora, Él quiere trabajar contigo. La Verdadera Felicidad Es Una Alianza Con Dios…… En el capítulo anterior hablamos sobre algunos aspectos del ministerio del Espíritu Santo en tu vida, especialmente lo relacionado a cómo Él guía tu vida en cada momento y cómo te ayuda en tu victoria personal sobre el mundo, la naturaleza pecaminosa y el diablo. Ahora damos paso a lo que posiblemente es la parte más importante de tu vida cristiana: vivir en alianza con Dios, por el poder del Espíritu Santo. Es así como Dios siempre quiso que sea la vida entre Él y las personas: Dios obrando con las personas para lograr su propósito en la tierra. Recuerda lo escrito en el capítulo uno: Adán y Eva vivieron una vida maravillosa y llena de bendiciones mientras reinaban junto a su Creador. Dios les dio poder y dominio sobre toda criatura viviente en la tierra y les dijo que se multipliquen, que llenen la tierra, la fructifiquen y la sometan. Dios básicamente les puso a cargo de todo, incluso de poner nombre a los animales. Pero ya que Jesús nos redimió al morir en nuestro lugar y nos compró pagando con su preciosa sangre, nosotros ahora tenemos un llamado y un propósito aún más importante que realizar como hijos de Dios. Nosotros ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, somos apartados con el santo y gran propósito de ayudar a otros para que también conozcan a Jesús. Esto lo logramos permitiendo que Dios viva su vida a través nuestro, tal como Él vivió su vida a través de Jesús cuando estuvo en la tierra. Hacer que la humanidad conozca a Dios es una tarea sobrenatural que solo puede lograr el Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo que obró a través de Jesucristo, quiere obrar ahora a través nuestro para que Dios sea manifestado a todo el mundo. Cuando Jesús regresó donde su Padre en el Cielo, Él encargó a todos sus seguidores, lo cual el día de hoy nos incluye a nosotros, que vayan y anuncien las Buenas Nuevas acerca de Él a toda la gente en todo el mundo, para que así ellos también puedan creer, recibirle y ser salvos como nosotros. La Biblia dice: "Todo el que invoque el Nombre del Señor será salvo.  Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?" Tú eres vital en el plan que Dios tiene para hacer que otros conozcan a Jesús. Solo a través de una alianza contigo es que Dios puede anunciar las Buenas Nuevas de Jesús a los que te rodean. Ahora que tú eres salvo y conoces a Jesús, el propósito de tu vida es hablar de Él a otras personas, para que así ellos también lleguen a conocerle. No estaría bien que tú recibas todas estas bendiciones de Dios y no las compartas con la gente que te rodea. Jesucristo murió por los pecados de todos, por lo tanto, todos deben saber estas Buenas Nuevas. No puedes permitir que alguien muera en pecado y se vaya al Infierno por la eternidad sin haber tenido la misma oportunidad que tú tuviste de recibir a Jesucristo. El acto de amor más grande que un ser humano puede hacer por otras personas es decirles las Buenas Nuevas acerca de Jesucristo, para que así puedan creer, recibir e invocar el Nombre del Señor para ser salvos. Pero ellos no pueden clamar a Jesús si no han escuchado que Él murió en su lugar para pagar por los pecados de ellos, y que Él es el único camino para regresar a Dios, su Creador. La razón primordial de Dios para tenerte aquí en la tierra, en vez de llevarte al Cielo ahora mismo, es que tú hagas que otros conozcan a Jesús. Dios utilizó a alguien para que te lleve el Evangelio a ti, y ahora quiere utilizarte para llevar a otras personas las Buenas Nuevas. Analicemos el siguiente pasaje de la Palabra de Dios, el cual te revelará mucho acerca del plan que Dios tiene para llegar a otros a través tuyo: "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: en Nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios. Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". Este pasaje comienza recordándote que tú eres una nueva criatura en Cristo. Tu vida pasada se fue. Ahora tienes una vida completamente nueva y todo esto proviene de Dios. Él te ha reconciliado consigo mismo. Dios no solo te trajo de regreso a Él, sino que te cambió para que puedas confraternizar y vivir en alianza con Él. Además de reconciliarte con Él, Dios te dio a ti, junto con todos los creyentes, el ministerio de la reconciliación. Este es un servicio que tú puedes realizar para la gloria de Jesús y lo puedes realizar en su Nombre para el bienestar de otros. Ahora eres un embajador de Cristo, un representante de Dios. Este es un poder y un privilegio maravilloso que Dios ha puesto sobre ti. Donde quiera que vayas, tú eres un mensajero de esperanza, paz y vida para almas perdidas. Como embajador de Cristo, tú tienes todo lo que necesitas para efectuar el ministerio de reconciliación. Tú puedes ir en el Nombre de Jesús, confiando que Dios obrará sobrenaturalmente a través tuyo para hacer que otros conozcan a Cristo. ¡Su autoridad es ahora tuya! Pero Dios no solo te dio el ministerio de reconciliación, también te encomendó el mensaje de reconciliación: "Que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus pecados". Este mensaje es el que tú anuncias a otros para que ellos también escuchen de la bondad de Dios y de su Hijo Jesús, el regalo de Dios para todos. Solo cuando escuchen estas Buenas Nuevas sabrán que ahora pueden ser restaurados a su Creador. La mayoría de personas conocen sus propios pecados y es por eso que huyen de Dios. Todavía no saben que Dios los ha reconciliado consigo mismo a través de Cristo y que ya no toma en cuenta sus pecados. Cuando la gente comience a escuchar esta maravillosa noticia, va a querer regresar a Dios y tomar su justo lugar como hijos de Él.  Pero para eso primero deben recibir la noticia y Dios te escogió a ti para que les digas las Buenas Nuevas acerca de Jesús, cómo Él murió en la cruz y sufrió castigos en su lugar, para que ellos no tengan que sufrir. Deben escucharte decir cómo Jesús derramó su preciosa sangre para pagar por sus pecados y para librarles del diablo y su esclavitud. Pero ellos no pueden creer en alguien que no han escuchado. Ellos deben escuchar de ti que, "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados". Ellos deben escuchar de ti que, "Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". Ellos deben escuchar de ti que, "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que en Él cree no se pierda, sino tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de Él". Ellos deben escuchar de ti que, "... la paga del pecado es muerte, mientras la Dádiva de Dios es Vida Eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor". Ellos deben escuchar de ti que, "... por gracia somos salvados mediante la fe; y esto no procede de nosotros, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe". Ellos deben escuchar de ti que, "... el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida". Ellos deben escuchar de ti, "Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo". Ellos deben escuchar de ti que, "Todo el que invoque el Nombre del Señor será salvo". Ellos deben escuchar de ti que, "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Esto no nace de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios". Recuerda, "La fe viene por el oír, y el oir por la Palabra de Dios". Por lo tanto debes proclamar la verdad de la Palabra de Dios a todas las personas con las que interactúas cada día. Solo cuando ellos escuchen cómo es Jesús y lo que Él ha hecho por ellos, podrán correr hacia Dios y recibir su regalo de Vida Eterna, en vez de huir de Él por causa de sus pecados y de los engaños del diablo. "Para Dios no hay favoritismos". Lo que Él ha hecho por ti, quiere hacerlo para otros a través tuyo. La razón primordial por la cual Dios te dejó en la tierra después de haberte salvado, es permitirte que participes con Él en la divulgación de las Buenas Nuevas acerca de Jesús con todos los que te rodean. "Lo que ustedes recibieron de gracia, denlo de gracia". Está escrito: "Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, Quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que recibimos de Dios, también nosotros podamos consolar a los que sufren..." La gracia, la misericordia, la paz, el consuelo y el perdón que has recibido de Dios debes ahora compartirlo con otros. Este es el plan de Dios y su propósito para tu vida; comparte con otros todo lo que Dios te ha dado. La Verdadera Felicidad será sumamente evidente en tu vida cuando tú seas instrumento para llevar Verdadera Felicidad a otros. En el principio, "Dios los bendijo diciendo fructifiquen y multiplíquense". Y Jesucristo dijo: "No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en Mi Nombre". El plan de Dios siempre ha sido que sus hijos reciban sus bendiciones y luego las compartan con otros. Dios quiere vivir su vida a través tuyo, haciendo a través de ti lo mismo que hizo a través de Jesús. Mientras tú sigas anunciando a otros las mismas Buenas Nuevas en las que tú crees, ellos podrán también creer y recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador.  Jesucristo dijo: "Ciertamente les aseguro que el que cree en mí, las obras que yo hago también él las hará, y aún las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Cualquier cosa que ustedes pidan en mí Nombre, yo la haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Lo que pidan en mí Nombre, yo lo haré". Jesús dijo también: "Permanezcan en mí y Yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino permanece en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden hacer nada". Todo el poder, el amor y la astucia que necesitamos nos vienen del Espíritu Santo, permaneciendo nosotros en Cristo y confiando que el Espíritu Santo nos dará autoridad y vivirá la vida de Jesucristo a través nuestro. No podemos hacer las obras que hizo Jesús con nuestras propias fuerzas. "Separados de Él no podemos hacer nada". Debemos permanecer en Él. Uno de los últimos mandamientos que Jesús dio a sus seguidores es: "Vayan por todo el mundo y anuncien las Buenas Nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Estas señales acompañarán a los que creen: en mí Nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud. Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue recibido en el cielo y se sentó a la derecha de Dios. Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su Palabra con las señales que la acompañaban". Es emocionante leer como Jesús les mandó a que prediquen a todo el mundo y cómo Él ayudó en la obra desde el cielo para confirmar su Palabra, con señales que les acompañaban mientras ellos anunciaban el Evangelio. Las Escrituras que están a continuación nos ayudan a entender el papel del Espíritu Santo en todo esto y lo esencial que Él es en nuestro éxito como embajadores de Cristo: "No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado: porque Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo". "Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista". Los primeros seguidores de Jesucristo hicieron exactamente lo que Él les pidió. Ellos esperaron y oraron, y Dios hizo exactamente lo que prometió. A continuación está lo escrito en la Palabra de Dios acerca de este acontecimiento: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados por que cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. Desconcertados y maravillados, decían: ¿no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene, visitantes llegados de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes. ¡Todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!"  Las Buenas Nuevas acerca de Jesucristo fueron anunciadas a gente de todo el mundo por personas ordinarias que tenían la autoridad del Espíritu Santo. A continuación está la narración de la Palabra de Dios de lo que pasó luego que ellos predicaron y testificaron acerca de Jesús: "Pueblo de Israel, escuchen esto: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de Él, como bien lo saben. Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz. Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio". "A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen". "Por lo tanto, sepan bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo. Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro les contestó: arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el Nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. Y con muchas otras palabras, testificaba y les exhortaba insistentemente: ¡Sálvense de esta generación perversa! Así pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos". Acabamos de leer la narración bíblica de los principios del cristianismo. Miles de personas creyeron en Jesucristo y fueron bautizadas y agregadas a la Iglesia. (Puedes leer más acerca del Bautizo y la Iglesia en el Apéndice de este libro. Las vidas de esta gente cambiaron para siempre. Muchas señales maravillosas y milagros ocurrieron en el Nombre de Jesús y todos quedaban asombrados. El Espíritu Santo hizo a través de los creyentes, lo mismo que hizo a través de Jesucristo cuando Él estuvo en la tierra, y estas cosas siguieron aconteciendo. "Un día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración. Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo. Cuando éste vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les pidió limosna. Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo: ¡Míranos! El hombre fijó en ellos la mirada, esperando recibir algo. Pedro le dijo: no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy. En el Nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda! Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza. De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios. Cuando todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, lo reconocieron como el mismo hombre que acostumbraba pedir limosna sentado junto a la puerta llamada Hermosa, y se llenaron de admiración y asombro por lo que le había ocurrido. Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan, toda la gente, que no salía de su asombro, corrió hacia ellos al lugar conocido como Pórtico de Salomón.  Al ver esto, Pedro les dijo: pueblo de Israel, ¿por qué les sorprende lo que ha pasado? ¿Por qué nos miran como si, por nuestro propio poder o virtud, hubiéramos hecho caminar a este hombre? Dios ha glorificado a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y lo rechazaron ante Pilato, aunque este había decidido soltarlo. Rechazaron al Santo y Justo, y pidieron que se indultara a un asesino. Mataron al autor de la vida, pero Dios lo levantó de entre los muertos, y de eso nosotros somos testigos. Por la fe en el Nombre de Jesús, Él ha reestablecido a este hombre a quien ustedes ven y conocen. Esta fe que viene por medio de Jesús lo ha sanado por completo, como les consta a ustedes. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes y sus dirigentes actuaron así por ignorancia. Pero de este modo Dios cumplió lo que de antemano había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Mesías que ya había sido anunciado, el cual es Jesús". Luego de esto, Pedro y Juan fueron arrestados por los líderes religiosos de aquellos tiempos. "Pero muchos de los que oyeron el mensaje creyeron, y el número de estos llegaba a unos cinco mil". El número de creyentes siguió creciendo a pesar de la oposición y la persecución. Dice la Biblia que los gobernantes hicieron que Pedro y Juan comparecieran ante ellos y les preguntaron: "¿Con qué poder, o en nombre de quién, hicieron ustedes esto? Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: gobernantes del pueblo y ancianos, hoy se nos procesa por haber favorecido a un enfermo, ¡y se nos pregunta cómo fue sanado! Sepan pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel, que este hombre está aquí sano gracias al Nombre de Jesucristo de Nazaret, crucificado por ustedes pero resucitado por Dios". "De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos. Los gobernantes, al ver la osadía con que hablaban Pedro y Juan, al darse cuenta que eran gente sin estudios ni preparación, quedaron asombrados y reconocieron que habían estado con Jesús. Además, como vieron que los acompañaba el hombre que había sido sanado, no tenían nada que alegar en contra". Finalmente, los gobernantes y las autoridades dejaron en libertad a los creyentes, ordenándoles que nunca más hablen en el nombre de Jesús, pero Pedro y Juan volvieron donde los otros creyentes y todos oraron juntos. "Ahora Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos proclamar tu Palabra sin temor alguno. Por eso, extiende tu mano para sanar, hacer señales y prodigios mediante el Nombre de tu Santo Hijo Jesús. Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la Palabra de Dios sin temor alguno. Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. Los apóstoles, a su vez, con gran poder daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos, pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuya a cada uno según su necesidad". El mismo Espíritu Santo que reveló al mundo a Dios y su gran poder cuando Jesús habitó en la tierra, después de que Jesús volvió al Cielo, hizo las mismas cosas en y a través de las vidas de los creyentes. Está escrito: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos". y "El mismo Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos, dará vida a sus cuerpos mortales..." El mismo Espíritu Santo que ahora vive en ti, quiere manifestar la vida de Jesucristo a través tuyo.  La audacia, el amor y el poder que tenían los creyentes en los primeros días del Cristianismo fueron proporcionados por el Espíritu Santo, y están disponibles hoy mismo para ti y para mí, para que seamos los testigos que Dios quiere que seamos en nuestra generación, en nuestras familias, con nuestros amigos y con todos los que tenemos contacto cada día. "La Verdadera Felicidad es una Alianza Con Dios" Nosotros nos aliamos a Él y Él se alía a nosotros permitiéndole que obre en y a través de nosotros por medio del Espíritu Santo. Luego nosotros vamos y predicamos las Buenas Nuevas acerca de Jesús a otros, y Él nos ayuda en la obra confirmando su Palabra con señales que la acompañan. Al permitir que Dios cumpla su propósito en tu vida, serás lleno de un gozo indescriptible que te traerá Verdadera Felicidad, más de la que jamás pensaste que era posible. Sin embargo, no puedes siquiera comparar esta Verdadera Felicidad con la gloria que experimentarás en el día en que llegues al cielo con Jesús, le veas cara a cara y Él te diga: "¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Ven a compartir la felicidad de tu Señor!" Puedes haber comenzado a leer este libro solo para llenar un vacío en tu vida, pero has descubierto que la vida es mucho más de lo que jamás soñaste que podría ser, y todo gracias a Jesús. No dejes pasar esta oportunidad y no dejes que Satanás te engañe nunca más. Aférrate a eso por lo cual Dios te ha escogido. Desarrolla al máximo todo lo que Dios ha puesto en ti. Vive la Vida Eterna en su plenitud. "Acércate a Dios, y Él se acercará a ti". Después de leer el apéndice, tendrás la oportunidad de solicitar una copia gratuita de la Palabra de Dios para que puedas leerla, estudiarla y hacer lo que dice. Pero ahora debes ya comenzar a actuar y poner en práctica todo lo que has leído y aprendido. Lee este libro una y otra vez y solicita más copias gratuitas para que regales a personas que todavía no tienen a Jesús en sus vidas. Recuerda, "... lo que recibiste gratis, da gratuitamente". Lee esta oración que te ayudará a consagrarte a Dios para una vida de servicio en alianza con Él: Amado Padre Celestial: Muchas gracias por dar a tu Hijo Jesús para que muera en mi lugar y así yo pueda volver a Ti y ser tu hijo. Estoy tan agradecido por tu amor y por llenar mi vida en todo aspecto. Gracias por cuidarme y saciar mis necesidades con abundancia. Pero Señor, ahora comprendo que no solo me salvaste por mi propio bien, sino también para que Tú puedas vivir a través mío por medio del Espíritu Santo y para que otros puedan recibir lo que Tú me has dado a mí. Sé que ser un embajador de Cristo es un privilegio maravilloso y recibo este llamado con humildad, sabiendo que solo tu poder me puede ayudar a cumplir con esta responsabilidad. Por lo tanto, te pido me llenes del Espíritu Santo, dándome todo lo que necesito de Ti, para ser todo lo que has querido que sea. Espíritu Santo, te abro mi vida en este momento y te invito a que vengas a mi vida, la llenes, la controles y la fortalezcas para que Jesucristo sea glorificado en y a través de mi vida, mientras yo proclamo su Nombre ante otros. Gracias Jesús, por bautizarme con el Espíritu Santo, tal como lo prometiste. Yo recibo al Espíritu Santo en este momento por la fe que tengo en tu Palabra. Sé que tengo la autoridad de Dios para servir a otros en el Nombre de Jesús, a decir a otros las Buenas Nuevas acerca de Jesús, a poner mis manos en los enfermos y a expulsar demonios en el Nombre de Jesús. Me ayudarás en la obra, confirmando tu Palabra con señales que la acompañen.  Yo creo que el fruto del Espíritu se manifestará en y a través de mi vida mientras camino en el Espíritu y me mantengo en su senda. Me comprometo a amar a Dios supremamente y a mi prójimo como a mí mismo. Espíritu Santo, utiliza mi vida como, cuando y donde quieras. Manifiesta tus regalos y la vida de Jesús a través de mi vida al yo bus-car tu dirección y al ser todo lo que Dios me ha llamado a que sea. En el Nombre de Jesús, ¡Amen!  Apéndice
En este Apéndice enfocaremos unos cuantos temas importantes que te ayudarán a ser un cristiano fructífero y un embajador que represente a Jesús adecuadamente. El primer tema que analizaremos es el Bautismo. Según la Biblia, cuando una persona es bautizada, se la sumerge bajo el agua y después de un instante se la levanta de nuevo. Esto se hace para obedecer lo que Jesús dijo a sus seguidores: "Vayan por todo el mundo y anuncien las Buenas Nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado". "Jesús se acercó a ellos y les dijo: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo". El acto del bautismo es la forma en que un nuevo cristiano declara y confirma públicamente su decisión de recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Este acto es la representación externa de lo que ya sucedió espiritualmente en el interior de cada nuevo creyente. Los siguientes pasajes de la Biblia demuestran que bautizar a la gente después de haber creído era una práctica muy común: "Pedro les dijo: arrepiéntanse y bautícense cada uno de ustedes en el Nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. Los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas."  "Cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las Buenas Nuevas del Reino de Dios y el Nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres". "Entonces Felipe, comenzando con la Escritura, anunció las Buenas Nuevas acerca de Jesús a un eunuco. Mientras iban por el camino, llegaron a un lugar donde había agua, y dijo el eunuco: Mire usted, aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: si tú crees con todo tu corazón, puedes. Y el eunuco contestó: Creo que Jesucristo es el hijo de Dios. Entonces mandó a parar el carro, ambos bajaron al agua, y Felipe lo bautizó". "¿Acaso puede alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? Y mandó que fueran bautizados en el Nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron a Pedro que se quedara con ellos algunos días." "Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también creyeron muchos de los Corintios que oyeron a Pablo y fueron bautizados". El Señor Jesucristo nos sustituyó y por eso murió, fue sepultado y resucitó. El bautismo es la manera en que un creyente se identifica con este acto de amor. "¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva". Por lo tanto, debes ser obediente al mandamiento de Cristo de ser bautizado. Esta es una manera maravillosa de declarar a otros tu nueva vida en Cristo. Ora para que Dios te guíe a un compañero creyente quien tú quisieras que te bautice, puede ser tal vez la persona que te regaló este libro. También es importante que te reúnas regularmente con otros seguidores de Jesucristo. Compartir con otros cristianos que aman a Jesús y a su Palabra puede ayudar a fortalecerte a ti y a ellos. Lo que Dios ha hecho por ti puede ser un gran estímulo para otros creyentes, al igual que lo que Dios ha hecho en las vidas de otros creyentes será un gran estímulo y una bendición para ti. Tal como leíste en el capítulo siete, los nuevos creyentes se reunían diariamente para tener comunión y orar, para comer juntos, para escuchar y aprender de la Palabra de Dios, para cantar alabanzas a Dios, para ayudarse unos con otros en sus necesidades materiales y espirituales, para salir y compartir las Buenas Nuevas acerca de Jesús con otros que no las habían escuchado todavía. "Alabando a Dios y teniendo la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos". "Mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la Iglesia oraba constantemente y fervientemente a Dios por él". Los creyentes no tenían un lugar fijo ni una hora específica para reunirse. Lo importante no era donde congregarse, sino que lo hacían regularmente, especialmente para que los creyentes más fuertes puedan ayudar a los más débiles. Los que habían sido confiados con los recur-sos de Dios compartían con los que estaban en necesidad. Hoy en día, el edificio donde se reúnen los creyentes es comúnmente llamado la Iglesia, pero la Biblia nos enseña que Iglesia es un grupo de creyentes en Jesucristo. En otras palabras, la Iglesia es el grupo de creyentes y no el edificio o la casa donde se congregan. "El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres.". Jesús dijo: "Porque donde dos o tres se reúnen en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos". El Espíritu de Dios estará contigo de una manera especial cuando te reúnas con otros en el Nombre de Jesús, para alabar a Dios, para edificarse y alentarse unos a otros en el caminar con el Señor.  También es importante recordar que tú eres un templo del Espíritu Santo. Dios vive y reside en ti por medio de su Espíritu. Él es un Dios muy amoroso y personal. Se muy sensible con el Espíritu de Dios que está en ti, no solamente cuando estés solo, sino también cuando te reúnas con otros creyentes. Honra a Dios con tu cuerpo. "¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren a Dios en sus cuerpos y espíritus, los cuales son de Dios". En el capítulo siete, leíste como el Espíritu Santo obraba a través de los primeros creyentes de Jesús haciendo que los no creyentes le conozcan en todas las partes a las que iban. Esto sucedía a diario. Ellos tenían comunión unos con otros, saciando las necesidades de cada uno, alentándose, y luego salían y anunciaban las Buenas Nuevas de Jesús a otros. Esto se trata ahora de hacer en tu vida: que otros conozcan a Jesús tanto por obras como por palabra. Tú eres la barca escogida por Dios, no solo para vivir en ti sino también a través tuyo. Jesús, que vive en ti, es ahora la esperanza para todos los que te rodean. Tú eres especial y Dios te necesita para que lleves a cabo su plan y su voluntad en la tierra. Entrégate completamente y vive para Dios. No siempre será fácil, pero siempre valdrá la pena. Tal vez seas perseguido por otros, como muchos cristianos lo han sido, pero la gloria que se manifestará en ti sobrepasará en gran manera cualquier dificultad leve y temporal que puedas enfrentar. Lee estas palabras escritas por un gran servidor de Dios: "No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros somos servidores de ustedes por causa de Jesús. Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Este tesoro tenemos en vasijas de barro, para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Donde quiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo". "Creí, y por eso hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos. Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con Él y nos llevará junto a su presencia. Todo esto es por el bien de ustedes, para que la gracia que está alcanzando a más y más personas haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios. Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno". Así que, cuando enfrentemos cualquier aflicción, prueba o tentación: "Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios". "Considérense muy dichosos cuando tengan diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia lleva a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada". La perseverancia es una parte muy importante de nuestra vivencia cristiana. Debemos desarrollar esta calidad en nuestras vidas porque, sin perseverancia, nuestra fe nunca llegará a pulirse y perfeccionarse. "No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos".  "Así que no pierdan la confianza, porque esta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que Él ha prometido." Lo básico de tu caminar diario con Jesús es que "... la fe actúa mediante el amor". No importa cuan difíciles estén las circunstancias, nunca debes dejar de creer en la Palabra de Dios y nunca debes dejar de vivir una vida de amor. No debes dejar que te aparten de las promesas de Dios. Van a haber momentos en que aparentemente tu fe en la Palabra de Dios no funciona, pero es en esos momentos en los que tienes que perseverar en vez de rendirte. Cuando otros te traten mal, no dejes de amarlos y "no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien". "Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de la justicia y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos". Recuerda, "Ahora eres un Embajador de Cristo para el mundo, pelea la buena batalla de la fe, hecha mano a la vida eterna, a la cual, así mismo, fuiste llamado como un soldado del ejército de Dios". "Si Dios está de nuestra parte ¿quién puede estar en contra nuestra? El que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo." "Tú eres más que vencedor por medio de aquel que te amó." "Alcanza aquello para lo cual Cristo Jesús te alcanzó a ti." “Ama a tus enemigos y bendice a los que te maldicen, has el bien a los que te aborrecen y ora por los que te persiguen". Se un dador. Cualquier cosa que Dios te ha dado, compártelo con otros menos afortunados que tú. "Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente. Hay más dicha en dar que en recibir". Cuando veas a un necesitado, no te contengas; sacia su necesidad en el Nombre de Jesús. "¡Jesús viene pronto!" Cuando Él estuvo en la tierra, dijo a sus seguidores: "En la casa de mi Padre, muchas moradas hay; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté". "Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con Él en gloria".  La Palabra de Dios
La Biblia, la Palabra de Dios, es la base y el fundamento de todo este libro. Todo lo escrito en este libro está basado en la verdad tal como está escrita en la Palabra de Dios. La Biblia es el relato escrito que Dios hizo de los acontecimientos, hechos y revelaciones que le dan a conocer a toda la humanidad. A lo largo de este libro se incluyen muchos pasajes extraídos textual-mente de la Biblia, los cuales aparecen en letra remarcada. Cuando leas de nuevo, pon mucha atención a los pasajes de la Biblia. A continuación leerás unas palabras que la Biblia dice de si misma. "Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. Porque la profecía no viene de la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, inspirados por el Espíritu Santo". "Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra." Los hombres que Dios escogió para que escriban la Palabra de Dios y hablen acerca de ella, fueron en realidad guiados por el Espíritu Santo, quien infundió sus palabras en ellos. La Biblia es la Palabra de Dios, no la palabra del hombre, y aunque Dios haya utilizado a instrumentos humanos para escribir su Palabra, esta nunca se desvanecerá. Es eterna así como Dios es eterno. "Tu Palabra, Señor, es eterna, y permanece en los cielos." "El cielo y la tierra pasarán, pero mis Palabras jamás pasarán." "La hierba se seca y la flor se marchita, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre". "Toda Palabra de Dios es limpia; Dios protege a los que en Él bus-can refugio". "Ciertamente, la Palabra de Dios es viva y poderosa, más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón". "De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por la paciencia y la consolación de las Escrituras, mantengamos nuestra esperanza". La Palabra de Dios es lo más importante que jamás puedas leer. Al leer y estudiar este libro una y otra vez, comenzarás a desarrollar el fundamento de la verdad de las Escrituras, las cuales están en letra remarcada a lo largo del libro. Pero queremos también darte una copia del Nuevo Testamento, el cual es la porción de la Biblia que registra la Palabra de Dios a partir del nacimiento de Jesucristo. Este libro, "La Verdadera Felicidad Puede Ser Tuya", aunque contenga muchas citas de la Biblia, no es la Palabra de Dios. Nosotros te animamos fuertemente a que nos escribas solicitando una copia del Nuevo Testamento, la cual te enviaremos sin costo alguno. En la siguiente página encontrarás una Orden de Pedido. Por favor llénala, envíala y nosotros te mandaremos por correo tu Nuevo Testamento gratuito, junto con instrucciones de cómo aprovechar al máximo la lectura y el estudio del mismo, para que así te beneficies grandemente. También encontrarás en la Orden de Pedido un espacio para ordenar más copias gratuitas de este libro, para que los regales a tu familia, tus amigos, o cualquier persona que conozcas. Si este libro te ha ayudado a ti, también ayudará a otros. Esta es una herramienta que puedes usar para que otros conozcan a Cristo.  Las últimas dos páginas de este libro contienen una versión resumida del Plan de Salvación de Dios. Esto ha sido incluido para que tú lo uses para que alguien más se reconcilie con Dios, recibiendo a Jesucristo como su Señor y Salvador. Los momentos más significativos de tu vida cristiana serán los que dediques a ayudar a que otras personas sean restauradas a una relación correcta con su Creador por medio de su Hijo Jesucristo. Esperamos que seas muy bendecido por Dios al ayudar a otros a encontrar la Verdadera Felicidad que tú encontraste.   El Plan De Salvación De Dios
Dios, el Creador del Universo, te creó con la capacidad de ser verdaderamente feliz a través de una íntima relación de confianza con Él. Sin embargo, tú y toda la humanidad decidieron desviarse por su propio camino, rompiendo esta confianza y decidiendo vivir una vida apartada de su Creador. Satanás, el diablo, tentó a la humanidad, mintiendo acerca del carácter de Dios e incitando a la humanidad a desconfiar de Dios y a pecar en su contra. El pecado, la incredulidad y la desobediencia han robado de la humanidad todo el gozo, la paz y la Verdadera Felicidad que Dios planeó para cada uno. En consecuencia, la humanidad se separó de Dios quedando incompleta y con un vacío que solo Dios puede llenar. Por siglos la humanidad ha estado tratando de llenar ese vacío con cosas buenas y malas que el mundo tiene para ofrecer, incluyendo la religión. Pero permanecen vacíos, con miedo, en soledad, cargados y confundidos. Dios, quien nos creó a su imagen, jamás nos dejó de amar, más bien creó un camino a través de su Hijo Jesucristo para que toda la humanidad regrese a Él y regrese a su plan original. "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino tenga Vida Eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de Él". Jesús dijo: "Yo soy el ´camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí". "Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". "Porque ante todo les transmito a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día según las Escrituras".  Jesucristo murió por ti, para que puedas ser perdonado por tus pecados, para que tengas una relación apropiada con Dios tu Creador y para que tengas Verdadera Felicidad ahora y siempre a través de Jesús. Jesús dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia". Jesús dijo: "Vengan a Mí todos los que estén cansados y agobiados, y Yo les daré descanso. Carguen con mí yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma". Jesús dijo: "Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas." "Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor". "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios". "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo". "Todo el que invoque el Nombre del Señor será salvo". Tú puedes invocar el Nombre del Señor en este momento y recibir a Jesucristo como tu Señor y Salvador personal haciendo la siguiente oración: Amado Dios:
Yo tengo la certeza de que Jesús murió por mis pecados y que Tú lo
resucitaste de entre los muertos. Gracias por dar a tu Hijo por mí.
Invoco el Nombre de Jesús en este momento y lo recibo en mí corazón
como mí Salvador y el Señor de mi vida.
Gracias Dios, por salvarme de mis pecados y por restaurarme a una relación apropiada contigo. Ayúdame a conocerte más cada día y a vivir una vida agradable a Ti en todo aspecto. Quiero confiarte todas las áreas de mi vida y obedecerte. ¡Te amo! En el Nombre de Jesús, ¡Amen! Capítulo |